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Tortura injustificable y fraude científico
Experimentación con animales: Tortura injustificable y fraude científico Cada año, un número muy difícilmente estimable de animales, que podría ascender a varios cientos de millones muere en los laboratorios. Una práctica como ésta resulta censurable desde un punto de vista moral, a la vista de los argumentos que nos llevan a concluir el derecho a la vida y a no sufrir agresiones que todos los animales, en tanto que criaturas sintientes con plena capacidad de sentir sufrimiento y bienestar. Es paradójico y contradictorio que se apele a que los animales somos iguales para defender la utilidad para nosotros de la experimentación con gatos o ratones, y que somos diferentes para defender la legitimidad de éstos. En realidad, cuando hablamos de sufrimiento y disfrute lo relevante debe ser únicamente la capacidad para experimentar éstos, y no otras capacidades distintas que podamos manifestar unos y otros animales (como puede ser el distinto desarrollo de nuestras capacidades cognitivas, visuales, lingüísticas, olfativas...) A pesar de esto, los animales no humanos siguen siendo vistos en toda una serie de ámbitos como meros objetos para la realización de experimentos en ellos. Los siguientes son algunos ejemplos: En el campo de la psicología, se ha sometido reiteradamente a electochoques a perros, constatándose que llega un punto en el que éstos dejan de intentar esquivarlos. En el ámbito armamentístico, se han suministrado dosis del explosivo TNT a perros sabuesos, que mueren tras presentar los síntomas más variados y dolorosos (aunque no se ha llegado a precisar el nivel en el que el TNT tiene efectos observables). Asimismo, se ha entrenado mediante descargas eléctricas a chimpancés a pilotar simuladores de vuelo, para, una vez han adquirido el dominio suficiente, someterlos a radiaciones o armas bioquímicas para comprobar cuánto tiempo pueden todavía aguantar pilotando el simulador. En el ámbito biomédico, se han realizado durante años experimentos sobre la conducta sexual de los gatos gracias a los que podemos concluir que ésta se altera cuando sufren distintas mutilaciones. La trepanación craneal y la posterior aplicación de estímulos eléctricos al cerebro de múltiples animales nos lleva a constatar un aumento de su estrés. En el ámbito académico, en las aulas de biología, farmacia, veterinaria, o psicología, el uso de animales está al orden del día (sin que se de una relación entre ello y una mejor preparación). Tal utilización incluye disecciones de mamíferos, peces y otros animales, o prácticas como puede ser, en farmacología, la del "método de la plancha caliente". Ésta consiste en situar a una rata sobre una plancha a 52ºC, para constatar que su reacción natural (lamerse las patas, ardiendo de calor) no se da si se les inyecta morfina -una reacción que cualquiera puede entender sin necesidad de llevar adelante tal experimento, al final del cual, por supuesto, los animales empleados son muertos-. Parece poco razonable querer negar el enorme tormento padecido por los animales sometidos a estos experimentos (y no son en absoluto la excepción, sino más bien la norma). Los animales utilizados en los laboratorios poseen, como nosotros, complejos sistemas nerviosos, y segregan también sustancias analgésicas para paliar su dolor. Padecen también angustia, miedo, aburrimiento... Es más, un gran número de experimentos tienen como fin precisamente la medición del sufrimiento del animal (como ocurre cuando se testa en ellos el efecto de analgésicos, o se les induce a situaciones de estrés). Todo ello además, fundamentalmente, del desprecio por el interés por vivir de los animales, desprecio propio de la concepción de éstos como mero instrumental para la investigación, una herramienta más como un bisturí o un administrador de descargas. A nosotros no nos gustaría que nos considerasen así si estuviésemos en su lugar.aquí será donde radicará la base del abuso de los animales que se lleve delante en este terreno. En base a esto, son claras las fuertes objeciones éticas a su uso como objetos de experimentación. Ahora bien, existen también otros argumentos distintos, de tipo científico y epistemológico, que llevan igualmente a cuestionar del modo más serio la experimentación con animales. Éstos se dirigirán no sólo a su aplicación en ámbitos como la producción de cosméticos o el de la psicología, sino, fundamentalmente, al uso que recibe en el campo biomédico. La crítica científica a la experimentación con animales Cada año, cientos de medicamentos son retirados del mercado, pese a haber sido testados en decenas de millares de animales. Las diferencias fisiológicas y metabólicas entre unos y otros animales hace imposible extrapolar los resultados de la experimentación animal a los seres humanos, y los casos de muertes e intoxicaciones por fármacos testados se suceden. Así, la única razón para que aquélla continúe son los grandes intereses económicos implicados para sus defensores, que han invertido cantidades millonarias en engañar al público, haciéndole creer equivocadamente en la necesidad del uso de animales. Mientras, los métodos de investigación auténticamente científicos son dejados de lado, y cientos de millones de animales con plena capacidad de sentir se ven obligados a padecer un indecible sufrimiento y muerte. La experimentación con animales acarrea consecuencias desastrozas para los seres humanos Éstos no son más que unos pocos ejemplos de productos que, tras ser probados en animales, fueron considerados seguros, pero que al ser comercializados condujeron a graves tragedias. La lista es interminable. Talidomida: Calmante recetado a mujeres embarazadas, que produjo más de 12.000 casos de graves malformaciones en sus hijos. Opreno: Tratamiento contra la artritis. Mató a 61 pacientes y causó más de 3.500 casos de reacciones adversas graves, aunque había sido testado en monos y otros animales, que no mostraron problemas. Teroptren: Utilizado para tratar la leucemia en niños, los cuales murieron más rápidamente que si no hubiesen sido tratados. Esto no pudo ser previsto por los resultados de los experimentos realizados en 18.000 ratones. Eraldin: Tratamiento cardíaco recetado durante cuatro años antes de que las devastadoras consecuencias apareciesen. Causó ceguera, problemas estomacales, dolores en las articulaciones y muerte. Clioquinol: Antidiarreico. Causó 30.000 casos de parálisis sólo en Japón y miles de muertes y casos de ceguera en todo el mundo. Ni las ratas, perros, gatos o conejos utilizados en los tests previos, ni todos los animales utilizados en tests posteriores revelaron la neurotoxicidad del producto. Osmosin: Anti-inflamatorio. Retirado tras causar 650 casos de efectos secundarios serios y 20 muertes. Flosinto: Antiartrítico. Fue testado en ratas, monos y perros, siendo bien tolerado por todos ellos. Causó 7 muertes y 217 casos de efectos secundarios adversos en humanos. Isuproterenol: Las cantidades administradas a pacientes asmáticos fueron inadecuadas debido a la consideración de los tests en animales como válidos, produciendo la muerte a 3.500 personas sólo en Gran Bretaña. Primacor: Una medicación utilizada cuando el corazón no bombea suficiente sangre. Funcionó con ratas pero aumentó el número de muertes en pacientes en un 30%. Flenac, Manoplax, Dietilestilbostrol, Zomax, Ibufenac, Enbrel, Fialuridina,... y un sinfín de medicamentos más ha sido retirado tras causar graves enfermedades y muerte. Diferentes respuestas entre distintos animales Aspirina: Provoca defectos de nacimiento en ratas, ratones, perros o cobayas, y la muerte en gatos, pero no en humanos. Insulina: Causa malformaciones en ratones, gallinas y conejos, mas nada similar en personas. Penicilina: Mata a las cobayas, no tiene efecto en conejos (la expulsan eficientemente en la orina), pero es un antibiótico muy útil para nosotros. Arsénico: Es dañino para las personas, pero actúa de forma distinta en ratas, ratones y ovejas (que pueden consumir grandes cantidades). Morfina: Sedante para las personas, pero causa excitación en gatos, ratones, cabras y caballos. Digitalina: Medicina de indiscutible valor en el tratamiento de enfermedades cardíacas, cuyo uso oficial fue retrasado muchos años por ser considerada perjudicial, ya que en perros aumenta la presión sanguínea. Estricnina: Mata humanos, pero es inocuo para cobayas, monos y gallinas. Escopolamina: 5mgs. matarían a un humano, sin embargo, 100mgs. no serían dañinos en perros y gatos. Metamizol: Anestésico para personas. Causa excitación y salivación excesiva en gatos. Cloranfenicol: En el ser humano causó un tipo de anemia de efectos mortales. No daña a perros, pero mata a gatos. Las vacas lo toleran, pero no así los caballos. Flúor: En ratones no tiene ningún efecto. En ratas causa cáncer de boca y huesos. Estreptomicina: Un antibiótico muy común, que en ratas es teratogénico. El limón es mortal para los gatos, y las almendras para los zorros y las gallinas. Otros factores que alteran los resultados La reacción metabólica ante una enfermedad es muy distinta si ésta, en lugar de ser contraída por el estilo de vida, alimentación, predisposición genética... lo es por inducción forzada, como ocurre en los laboratorios. Muchas enfermedades "estudiadas" en animales ni siquiera son jamás desarrolladas por ellos, como el SIDA, la artritis, la esclerosis múltiple o la arteriosclerosis: son "imitadas" causándoles dolencias semejantes (como espasmos por electroshock para imitar la epilepsia), obteniendo respuestas evidentemente distintas a las nuestras. Algunas enfermedades (coronarias, cáncer) resultado del seguimiento de determinados estilos de vida durante décadas se intentan reproducir en animales en sólo semanas o meses. El confinamiento en laboratorios distorsiona la respuesta natural de los animales: El estrés sufrido por los animales enjaulados tiene una gran influencia en el desarrollo de enfermedades, favoreciendo el desarrollo de tumores, alterando el ritmo cardíaco, respiratorio, etc. El ejercicio físico que se les permite es mínimo, debido a lo reducido de sus jaulas, lo que puede dificultar la expulsión de sustancias tóxicas, el correcto desarrollo corporal... Resultados obtenidos en distintos laboratorios difieren entre ellos, pudiendo afectar la edad, género, predisposición genética, etc. del animal. Normalmente, los intervalos de ingestión de substancias tóxicas que causan enfermedades en personas son irregulares (aditivos, humos, pesticidas,...), mientras que a los animales se les suministran regularmente. Una enorme cantidad de efectos secundarios producidos por medicamentos pasan desapercibidos en los animales, que no nos pueden comunicar un dolor de estómago, malestar general, jaqueca, nausea, visión borrosa, zumbidos en los oídos, etc. Algunos avances conseguidos sin usar animales Procedimientos quirúrgicos: Extracción del apéndice, piedras renales, ovarios cancerosos, reparación de aneurismas cardíacos, etc. Antibióticos: Penicilina, estreptomicina... Anestésicos y analgésicos: Introducción del cloroformo, éter y muchos otros. Hormonas: Insulina para diabéticos. Ésta ya había sido nombrada e identificada antes de que utilizasen en animales en su estudio. El proceso esencial de purificación se realizó también sin animales. Distintas medicinas: La introducción de las primeras medicinas efectivas contra la leucemia infantil, como el importante anticancerígeno metrotexato, el cromoglicato de sodio (tratamiento contra el asma), medicamentos de nitrito (para la angina de pecho), quinina (para la malaria), y muchas otras. EN CONTRASTE, la introducción de las transfusiones de sangre y de los transplantes de córnea fue retrasada 200 y 90 años respectivamente, debido a confusiones creadas por experimentos con animales. La relación entre el tabaco y el cáncer y las causas de las enfermedades cardíacas, mostradas por estudios epidemiológicos, tardaron gravemente en ser aceptadas por no poder comprobarse con animales. ¿Por qué continúan los experimentos con animales? Los experimentos con animales son inservibles pero de realización sencilla y rápida, y más baratos a corto plazo, que la maquinaria, infraestructura, programas... necesarios para una investigación verdaderamente científica, aunque a medio plazo, ésta sería menos costosa al eliminar el gasto constante en animales. Con lo cual: a) Cuando las compañías farmacéuticas son llevadas a juicio por causar muertes y graves daños a pacientes que consumieron sus fármacos, éstas, para evitar compensarles económicamente, alegan haberlos testado en animales. De esta manera, se ahorran la introducción de métodos más serios y costosos. b) En el ámbito académico y científico, donde el prestigio se relaciona con el número de publicaciones, con animales se pueden hacer infinidad de experimentos, conseguir rápidos resultados y publicarlos, aunque su relevancia sea nula, obteniendo más subvenciones. La cría y venta de animales de laboratorio, así como las jaulas, métodos de su
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