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Desde hace bastantes años, se han popularizado en Cantabria y en el País Vasco dos símbolos denominados "lábaro" y "lauburu" cuya finalidad es representar respectivamente a ambos pueblos.
Se han llegado a hacer todo tipo de afirmaciones acerca de ellas, en algunos casos excesivamente dogmáticas y categóricas y en demasiadas ocasiones realizadas desde la ignorancia. A causa de ello, y de la extraordinaria repercusión que han tenido en la cultura popular de ambos pueblos, pretendemos hacer un somero análisis de su origen histórico. Lábaro cántabro Sabemos por Tertuliano y Minucio Félix que existía un estandarte militar romano denominado cántabrum. Consistía en un pendón de tela roja que estaba sujeto a un travesaño colocado perpendicularmente al asta de sujepción del estandarte. Como los romanos poseían otro tipo de insignia que obedece a esta misma descripción (los vexilum) es de suponer que se diferenciase de estos por el motivo que iría bordado en la tela. Este tipo de estandartes debía estar bastante difundido entre los pueblos célticos pues aparece representado en el Arco de Orange y en acuñaciones celtibéricas. Se supone que el uso de esta insignia fue tomada de las tropas de auxiliares cántabros que prestaban servicio a Roma, del mismo modo que sabemos por Arriano que el ejército romano copió dos tácticas de caballería, el circulus cantábricus y el cantabricus impetus. Posteriormente, el Codex Theodosianus nos habla de los cantabrarii, una especie de colegio encargado de portar el labarum, un famoso estandarte imperial romano. Este estandarte nos es descrito por Eusebio como una tela de color púrpura ricamente enjoyada, que colgaba de un travesaño del asta. En las acuñaciones de la época este estandarte nos es presentado con un símbolo cruciforme. A modo de curiosidad, este es el estandarte que Constantino vio poco antes de su conversión la cristianismo. Tras esta conversión, el labarum se transforma en el crismón, el anagrama que representa a Cristo, consistente en una "X" sobre la que se superpone una "P", apareciendo frecuentemente respresentado en la iconografía romana. Etimológicamente labarum proviene de la raíz *(p)lab- `hablar´, de donde se ha derivado el adjetivo * labaros, `orador´, ampliamente representado en las lenguas celtas: galés: llafar `habla´, `idioma´, `voz´, `orador´; antiguo córnico y bretón: lavar `palabra´; antiguo irlandés: labar `charlatán´, labrad `habla´, `lenguaje´; irlandés: labhar `locuaz´, `en voz alta´ y labhairt `palabra´, `habla´ < célt. (p)labro-. En el fragor de la batalla, los estandartes eran utilizados para enviar órdenes o señales a las tropas, pues resulta imposible que una voz de mando se escuche en mitad de un combate en el que participan miles de hombres. De ahí su significado: "el que habla". Varios autores, ante esta clara relación, han visto el origen del labarum como una influencia indirecta de los cántabros a través del estandarte militar denominado "cántabrum". De hecho, como hemos visto, el término lábarum es celta, no latino. Y en consecuencia no resulta demasiado descabellado pensar que los antiguos cántabros poseyeran un estandarte denominado lábaro que básicamente consistiese en un pendón de tela roja con un motivo cruciforme. Ante estos datos, modernas interpretaciones, encabezadas por Montes de Neira, han identificado al lábaro con el símbolo cruciforme que aparece representado en varias estelas discoideas gigantes, como en la de Zurita (Cantabria). El fenómeno de las estelas gigantes es típicamente cántabro, excepto por ejemplos aislados, como la de Coaña en Asturias y varios ejemplares hallados en Vizcaya. Exiten además infinidad de paralelismos con estelas, eso si, de memor tamaño, dentro de todo el ámbito celtiberico, siendo tal vez los ejemplos burgaleses los que presentan mayores semejanzas (Borobia, Lara de los Infantes y Clunia, entre otros). Las estelas vizcainas presentan la semejanza de poseer similares dimensiones a las estelas de los valles centrales de Cantabria, además de su típica decoración circular a base de triángulos en sus márgenes. La estela de Coaña asturiana no posee ningún tipo de decoración o seguramente este tan erosionada que lo ha perdido. Por su parte, los ejemplos burgaleses, encontrados algunos de ellos en contextos arqueológicos muy claros, que nos permiten datar el fenómeno desde finales del siglo I a.C. a mediados del I d.C., presentan enormes semejanzas en las representaciones figurativas de las estelas de Zurita y San Vicente de Toranzo. No obstante, la representación astral formada por cuatro crecientes lunares rematados en circulos no se presenta mas que en otros escasos ejemplos, el mas próximo desde el punto de vista geográfico se trata de una estela aquitana. Por lo demás, existen bastantes semejanzas en motivos ornamentales de tipo geométrico en algunos hallazgos arqueológicos de todo tipo que han aparecido por toda la península e incluso en Europa. Con todo, pese a que esta representación astral posea pocos paralelismos fuera del territorio cántabro (circunscrito al mismo contexto epigráfico y funerario), no se puede afirmar mas allá de cualquier duda, que efectivamente el signo cruciforme que apareciese en el cantabrum fuese el representado en estas estelas discoidales. Eduardo Peralta Labrador ha sido quien ha realizado el estudio mas serio sobre el tema y argumenta que, al ser el labarum una evolución del estandarte cántabro, lo lógico es que se le pareciese y por tanto fuera en realidad una X, similar a la CRUZ DE SAN ANDRÉS. Se basa ademas en diversos datos, como en un ara dedicada al Genio et signis de la Cohors Filda Vardulorum Equitata acantonada en el campamento de Riechester (Elsdon, Gran Bretaña), en la que aparece representado un estandarte de este tipo. Ademas, en diversas acuñaciones galas se nos presenta un guerrero en actitud de dominar una figura monstruosa mientras enarbola un estandarte con este símbolo. Supuestamente se trataria de Taramis, dios del rayo y vencedor del monstruo serpentiforme (tema muy difundido en la mitología céltica) y este estandarte representaría al rayo. Segun Peralta, el uso de estandartes similares se encontraba muy extendido entre los pueblos celtas y germánicos. Aporta interesantes datos como la inscripción de una estela de Rairiz de Veiga (Orense) en la que se lee: "A Bandua, dios de los vexilla, socio de Marte", o un texto de Olao Magno que habla de los pueblos germánicos de Europa Septentrional: "Pues, con atentas súplicas y con ritual más ceremonioso, veneran un paño rojo colgado de la parte alta de un asta o pértiga, pensando que reside en el cierta virtud divina, debido al color rojizo semejante a la sangre de los animales. Igualmente porque piensan que con su contemplación van a ser más afortunados en la matanza de bestias, bebiendo su sangre..." Efectivamente, según Duzémil el rojo es el color que los pueblos indoeuropeos antiguos relacionaban a sus deidades guerreras y uno de los epítetos atribuidos al dios cántabro de la guerra es Erudinus, formado por la raíz celta rud- que significa "rojo" y al mismo tiempo "fuerte". Peralta relaciona el uso de este tipo de estandarte a las cofradías de guerreros de tipo indoeuropeo, a las cuales dedica otro amplísimo estudio en su obra. Por tanto, segun Peralta el "cántabrum" sería un ejemplo más de una serie de insignias militares muy extendidas por el mundo indoeuropeo y seguramente fuera utilizado por mas pueblos del norte de Hispania. En todo caso, Montes de Neira ha popularizado la idea de que el lábaro era "el estandarte mas antiguo de la humanidad". Esta grandilocuente afirmación es, por supuesto, totalmente falsa. Se encuentran documentados estandartes sumerios, asirios y egipcios que evidentemente son mas antiguos que el labarum. Aparte de otros estandartes persas, sanmitas, celtas, romanos... pues como ya hemos dicho, el uso de este tipo de insignias era bastante común entre los pueblos de la antigüedad. Además, en muchos casos se han dado deliberados intentos de falsificación histórica, al intentar presentar este símbolo astral en los escudos de los guerreros cántabros representados en el adverso de la Estela de Zurita y en las acuñaciones romanas, cuando en realidad no se pueden apreciar detalles de este tipo. Como conclusión a todo esto, podemos afirmar que la moderna reconstrucción del lábaro cántabro no posee las pruebas documentales suficientes para poder hacer esta identificación mas allá de cualquier duda. Aunque por otra parte resulta innegable que este símbolo es típicamente "cántabro" (lo cual no significa que exclusivo) y que para este pueblo debía poseer un fuerte valor simbólico de algún tipo, religioso, seguramente. Es importante destacar que en el adverso de la Estela de Zurita aparece representado un ritual funerario que es citado por Silio Itálico y Eliano entre los celtíberos y vacceos: la exposición de los cadáveres de los caídos en combate a los buitres, para que de esta forma accedan al mas allá. Como el mas allá céltico se encontraba en el oeste, donde se oculta el sol, resulta perfectamente verosímil que una representación solar asociada a un vestigio con una finalidad funeraria (como es una estela), en la que además hay representada una escena de este tipo, trate de simbolizar el mas allá. Resulta significativo que hasta principio del siglo XX se hayan conservado en algunas zonas de Cantabria la costumbre de rezar un padrenuestro mirando al sol en el ocaso, pues se pensaba que era allí donde moraban los muertos. El paraíso según la mitología irlandesa era Tir na n-Og ("la tierra de los Jóvenes"), situada al oeste, bajo el mar. Lauburu vasco Respecto al Lauburu vasco, su origen se remonta a las teorías vasco-cantabristas que estuvieron tan de moda entre varios historiadores vascongados entre los siglos XVI y XVIII. Según estas teorías, los antiguos cántabros, el pueblo que "tan ferozmente había resistido al imperialismo romano", eran en realidad los ancestros de los modernos vascos. En un intento de sustentar estas peregrinas teorías, los vasco-cantabristas no dudaron en falsear toda clase de datos históricos, llegándose a inventar un supuesto himno de batalla cántabro en vascuence, "el Canto de Lelo". Aunque la puntilla definitiva para el vascocantabrismo fue la obra de Enrique Flórez "La Cantabria. Disertación sobre el sitio y extensión que en los tiempos de los romanos tuvo la región de los cántabros", publicada en el año 1768, estas ideas quedaron fuertemente arraigadas en Vizcaya y Gipúzcoa, siendo herederas de las mismas el movimiento fuerista del siglo XIX. Al ser estas "teorias" completamente rebatidas por los estudios históricos, se paso a difundirse en el campo literario en novelas pseudo-históricas y leyendas completamente ficticias como "LA LEYENDA de AITOR" de Joseph Agustin CHAHO, "AMAYA, o los vascos en el siglo VIII" de Francisco Navarro Villoslada o "Leyendas vasco-cántabras" de Vicente Arana. La intención de este movimiento literario era exaltar el orgullo vascongado e intentar servir de respaldo ideológico al movimiento fuerista, tratando de legitimizarlo desde el punto de vista histórico, inventado de esta forma una tradición inexistente mas acorde con sus postulados. Por supuesto, el vasco-cantabrismo aportó su propia versión del lábaro. Como en vascuence lau significa "cuatro" y buru "cabeza", se buscó un símbolo que reuniese estas carácterísticas, en este caso uno de los muchos motivos astrales de origen prerromano indoeuropeo que se han conservado en todo el norte de España hasta nuestros días como un motivo ornamental mas. Resulta significativo que pese a que muchos investigadores de la cultura vasca destaquen el origen ancestral y milenario de este símbolo, al mismo tiempo reconozcan que no se encuentran ejemplos anteriores al siglo XVI en Euskadi. Pío Baroja, en su obra "La leyenda de Jaun de Alzate" (1922), de carácter histórico-legendaria, nos narra el diálogo entre el líder vasco Jaun de Alzate con el romano Prudencio: "Jaun- No aceptáis nada de nosotros... únicamente la cruz... Prudencio- ¡La cruz! ¿Qué quieres decir con eso? Jaun- La cruz es vasca antes de ser cristiana Prudencio- ¡Que absurdo! Jaun- No es absurdo. Todavía encontrarás en nuestro país, en muchas partes, la cruz svástica, que algunos suponen que simboliza los dos caminos del mundo; otros, los puntos cardinales, y que entre nosotros es emblema de Thor, del fuego, de la llama, del sol. Prudencio- Es un signo este que habéis tomado de los cristianos. Jaun- No. Es un signo que nos habéis tomado a nosotros. Cuando los primeros cristianos del imperio romano pusieron en su estandarte la cruz, la llamaron Labarum. Labarum, labaru, lau buru, que quiere decir en vascuence cuatro cabezas, tetragrammaton, el símbolo que Urtzi Thor, que llevaron los vascos a Lombardía y que aceptó Constantino. Prudencio- Labarum vendrá del latín labare, vacilar, por el estandarte que vacila con el viento. Jaun- Es mas lógica mi explicación. Todos los estandartes vacilan con el viento, pero no todos los signos tienen cuatro puntas o cuatro cabezas como la cruz svástica del Labarum." Esta esvástica con una forma que la asemeja vagamente a la hélice de un barco pasó a convertirse en un "símbolo vasco". Siendo adoptado por el fuerismo como un elemento mas en su "cultura vasca". Cuando Sabino Arana se creó el nacionalismo vasco en la década de 1890, seleccionó de entre el movimiento fuerista aquello que mas le interesaba y fue un firme defensor de la utilización de este símbolo, usándolo además como ejemplo para demostrar que los vascos en el pasado habían rendido culto al sol (primer número de la revista "Euzkadi"). Simbología Tanto al Lábaro cántabro como al Lauburu vasco se les ha asignado en épocas modernas toda clase de valores simbólicos. En el caso del Lauburu por ejemplo, algunos tales como "representar los cuatro elementos de la creación: agua, tierra, aire y fuego", simbolizar a "los dos sexos", a "las energías que conforman el universo" o "la lucha de la luz frente a las tinieblas". Sin embargo, estas interpretaciones son bastante subjetivas y en muchas ocasiones no son mas que suposiciones, mas o menos acertadas, realizadas por personas de nuestra época y que responden a valores que estan hoy en día mas o menos de moda dentro de ambientes progresistas, pero que no necesariamente tendrían que estar asentados en la época. En conclusión a todo esto, se puede afirmar lo siguiente: 1- Entre los antiguos cántabros existía un estandarte militar consistente en un pendón de tela rojo sobre el cual estaba bordado un símbolo cruciforme. Es probable que este estandarte fuera el origen del labarum romano. 2- La identificación de este símbolo con el que aparece en la estela de Zurita no está exenta de dudas. 3- No obstante, este símbolo es típico de la Cantabria Antigua y bastante característico, poseyendo sin duda algún importante valor simbólico, seguramente de tipo religioso (tal vez represente el mas allá). 4- El Lauburu vasco es una interpretación moderna del Lábaro cántabro basándose en la errónea premisa de que los antiguos cántabros eran los ancestros de los modernos vascos. 5- Este símbolo no es exclusivamente vasco, posee además un origen indoeuropeo y es mas frecuente en otras zonas penínsulares, tales como Asturias. 6- Los valores simbólicos que se suelen atribuir a las "estelas" y otros símbolos astrales de origen indoeuropero son interpretaciones modernas, carentes de base histórica. Tal vez alguna de ellas se corresponda a la realidad, pero en todo caso resulta indemostrable. |
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El Códice Calixtino, el mismo que dio a conocer en su libro IV el poema Carolingio que exaltaba las hazañas del Emperador de la Barba Florida y de la Chansón de Roldán en La España del Siglo XII, contiene en su Libro V una Guía de la Ruta Jacobea especialmente dirigidas a los Peregrinos transpirenaicos.
Y resulta significativo ir comprobando en ella cómo todo transito hasta el final de la tierra considerada como vasca, prácticamente hasta atravesar los montes de Oca, contiene una considerable serie de advertencias que no tienen otro fin que preservar a los peregrinos de los incontables peligros, ciertos o inventados, que van desde el carácter salvaje y primitivo de sus habitantes hasta la naturaleza supuestamente letal de sus muchos ríos, capaces de producir enfermedades a quienes bebian de sus aguas y de matar a las bestias que le sirven de montura, mientras seres salvajes y perversos esperaban en las orillas para degollar y despellejar a hombres y cabalgaduras muertas para aprovechar sus despojos. No olvidemos que el camino de Santiago pasaba, fuera cual fuese la ruta escogida, por tierras Vasco- Navarras. Aimeric PICAUD , supuesto autor de este libro del Códice, nos relata de este modo una imagen sobre lo que él pudo vivir durante su peregrinación, en el ya pasado siglo IX, relatando que los vascos eran la representación inmediata y arquetípica de cuanto de perverso y traidor se puede encontrar. “Esta es gente Bárbara, distinta a todas las demás por sus ritos y su naturaleza, plena de malicia; con el color oscuro, con rostro áspero, torcida, perversa, pérfida, de fe vana y corrompida, lidibinosa, borracha por hábito, docta en toda suerte de violencia, feroz y silvestre, viciosa y réproba, impía y desabrida, furiosa y contenedora, inculta en todos los demás bienes, instruida en todos los vicios e iniquidades, supremo execrable en malicia a los godos y a los sarracenos, enemiga en todo a nuestras gentes galas." "Navarro o vasco, matan si pueden por una moneda a un galo”. |
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Durante la guerra carlista, otro viajero, éste vasco-francés, llamado Joseph-Augustin Chaho, iluminista, antisemita, autor de varios escritos sobre temas culturales, escribe tras su peripecia en la guerra una obra significativa: "Voyage en Navarre pendant l’insurrection des basques".
Se trata de un texto en el que aplica sus ideas esotéricas al origen y la historia de los vascos, a quienes atribuye una primitiva religión natural y, también, ser "arios" no contaminados por los hebreos. Pero además da una interpretación de la guerra que ha vivido. Vemos aquí formulada por primera vez, aún dentro del carlismo, la oposición vasco/castellano. Chaho también INVENTÓ un personaje mítico, al que atribuyó ser el padre primigenio de los vascos: AITOR. Este nombre generó una polémica sobre su etimología, ya que fue tomado por la literatura romántica, que lo convirtió en un personaje legendario. Juaristi explica que Chaho creó el nombre "Aitor" a partir de la expresión "aitoren seme", que significa "hijo de buen padre", una expresión similar al castellano "hidalgo", empleada para designar la baja nobleza. Chaho alteró la estructura de la palabra "aitoren" haciendo pasar al sustantivo parte del sufijo, con lo que creó una nueva palabra que no es ya un nombre común sino un nombre propio, Aitor. Así creó al PADRE FUNDADOR de los vascos, modelo de tradición inventada que, si bien es común a las leyendas y mitos de todos los pueblos, tiene la peculiaridad de haber sido creada en el siglo pasado. El propio Chaho explica el significado de su creación: "Je vous dirai maintenant que ce nom d´Aïtor est allégorique, il signifie père universel, sublime". El nombre de Aitor, retomado por los nacionalistas, tendrá una gran difusión; es un nombre propio muy común entre los vascos. Con Chaho encontramos esta doble operación caracterizada por oponer los vascos a los castellanos –atribuyendo a éstos la envidia hacia los primeros– y, por otro lado, invocar una figura imaginaria del padre, el "legendario" Aitor. Las interpretaciones políticas e históricas de Chaho no tuvieron, sin embargo, repercusión en su tiempo. Fue algunas décadas más tarde cuando surge el nacionalismo vasco, tras la segunda derrota del carlismo. Su fundador, Sabino Arana, crea la ideología nacionalista sobre la base de las construcciones MÍTICAS del fuerismo y de las ideologías anteriores; pero, a la vez, introduce unos cambios sustanciales que dan su especificidad al nacionalismo y lo constituyen como una nueva doctrina. Arana convierte en dogma histórico y político lo que eran elaboraciones literarias y culturales MÍTICAS hasta entonces. Es decir, DA CONSISTENCIA de realidad política a las LEYENDAS y fabulaciones sobre el pasado de los vascos. |
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La ausencia total de vestigios de una cultura o religión vasca en ACTUALES zonas vascongadas o en cualquier otra, es claro indicio de que no se trata de un pueblo indígena, y menos aún, anterior a los CELTAS, quienes, al contrario que los vascos, han dejado un importante legado que ha tenido su continuidad en las actuales instituciones como las merindades y el roble de Guernica, símbolo de su ancestral cultura celta, bajo el cual los merinos adoptaban sus acuerdos y sobre todo de su lengua, el castellano, lengua indoeuropea derivada directamente del celta en la que escribieron los celtiberos sus más antiguos códices e instituciones, como el fuero de Sobrarbe firmado el año 885 en plena invasion musulmana en la elección de Iñigo Garcia hijo de Ximen Iñigo, apodado el Arista (barbado) por su bravura, como rey de Sobrarbe (Huesca), a partir del que se formaron los reinos de Aragon y Navarra a medida que se iban rescatando los territorios de los moros.
No existe legado histórico alguno que ponga de manifiesto el cultivo de arte u oficio antiguo por los vascos. De su religión tampoco existe el más mínimo legado y en cuanto a la adopción del cristianismo, se sabe que fué muy tardía. En la zona habitada por vascones no se ha hallado vestigio arquitectónico ni monumento cristiano ni otro que acuse la práctica de alguna religión. En cuanto a los sepulcros de Elorrio (Arguiñeta) del S VIII, que los nacionalistas atribuyen a los vascones, pertenecen a familias hispanas como acreditan los vestigios arqueológicos y los nombres de las inscripciones de las lapidas. Las crónicas de la historia señalan que en el SIX San Leon fué martirizado hasta la muerte en las proximidades de los asentamientos vascones existentes en Bayona, mientras que en la localidad guipuzcoana de Lezo, en esas mismas fechas la población castellana atribuye a ese mismo santo la traída de su venerado Santo Cristo. Que en el año 824 los españoles fueron atacados por vascones y agarenos en el mismo lugar donde previamente habían emboscado a Carlomagno (Roncesvalles), tomando los vascones prisioneros a los condes Eblo y Asenario (Aznar) (cronica de Eguinhardo, Annal, Adann 810 y en Anon, Astr., Vita Hluduv. Pii). La condicion de extranjeros de los vascones queda constatada tambien en las Ordenanzas de Aragón de 1349 que, al igual que en el resto de Europa, prohibían a la población comerciar con árabes (algaravia), judios (abraych) y vascos (basquenç): "Item nuyl corredor nonsia usado que faga mercaderia ninguna que compre nin venda entre ningunas personas, faulando en algaravia nin en abraych nin en basquenç: et qui lo fara pague por coto XXX sol". La prohibición multaba con 30 soles (moneda de oro aragonesa) a quien la trasgrediera. Alguna de las ciudades celtas como Ilurcis, sobre la que Tiberio Sempronio Graco fundó Gracurcis en el 179 aC había estado poblada por los celtas desde antes del Siglo V aC como atestiguan los restos encontrados de la primera edad del hierro. Tambien por Gracurcis (Urriz), pasó más tarde Musa, aliado de los vascones, arrasando la ciudad y cambiando su nombre por el de Alfaro, de Musa precisamente derivan los apellidos vascos formados añadiendo el sufijo local ''tegui'' (techo en el sentido de casa). De los escasos objetos fundamentalmente mobiliario que pueden considerarse vascos (arcas o kutxa y útiles de pastor), los adornos y figuras indican la cultura magrebi en la utilización de los mismos símbolos geométricos, fundamentalmente el eguzkilore y la estela "lauburu", convertido en fechas recientes en el símbolo de la nación vasca a la que Arana dió el nombre de Lauburu que no es otra cosa que una especie de vasconizacion fonética del LABARUM (estandarte de los cántabros adoptado por las Legiones romanas) aplicada al Tetraskel o roseta de los indoeuropeos. |
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El vascón era el pueblo que ocupaba, a grandes rasgos, la actual provincia de Navarra. Su límite occidental era el territorio várdulo(Guipúzcoa). Al Suroeste lindaban con los berones, habitantes de buena parte de la actual provincia de Logroño.
Sus vecinos del Sur eran los celtíberos del valle del Ebro. El límite por el Este no está muy claro, pudiéndose establecer, con variaciones según cada autor, en un poco hacia el Este del actual territorio provincial navarro, penetrando en las actuales provincias de Huesca y Zaragoza, a partir de donde lindaban con un conglomerado de pueblos tales como los ilérgetes, edetanos y otros. El solar vascón, correspondiente en gran medida al actual territorio NAVARRO, no estaba ocupado por un pueblo étnicamente homogéneo proveniente de un único tronco racial y lingüístico. La arqueología ha registrado una intensa presencia celtibérica a lo largo y ancho del territorio vascón, además de la toponimia céltica, encontrable profusamente en todos los territorios actualmente vascófonos. Tanto en las actuales tres provincias vascas como en la navarra, aunque se hable parcialmente en ellas el grupo de lenguas preindoeuropeas que conocemos como vascuence, es muy intensa la indoeuropeización registrable en la arqueología, en la onomástica, en la toponimia y en la lengua. El primer conocimiento que los romanos tuvieron de los vascones fue consecuencia de su ascensión por el valle del Ebro, vía de penetración de la invasión hacia el Norte peninsular. De los vascones en la época de la conquista se conoce muy poco de fuente romana, pues los autores apenas se ocuparon de un pueblo que no causó conflictos a los conquistadores. Por ejemplo, no se conoce cuándo se produjo la ocupación romana del solar de los vascones, señal de que pasó desapercibida. Los autores coetáneos prestaron mucha más atención a los lusitanos,cántabros o astures que a los vascones, fundamentalmente por que aquéllos causaron un sinfín de problemas bélicos. Se detuvieron en la descripción de sus hechos y costumbres y narraron con bastante detalle las circunstancias de su sangrienta conquista. Tampoco consta causaran los vascones problemas o rebeliones durante toda la dominación romana. Los vascones estuvieron ausentes de los relatos romanos hasta la época de Sertorio, momento en el que se atiende a ellos como aliados de las tropas de Pompeyo. Los límites arriba señalados variarían en época romana por la expansión que experimentarían los vascones de la mano de sus aliados romanos. Estos límites volverían a cambiar en los últimos tiempos Imperio y primeros de la época visigoda, pues los vascones, a causa su expansión hacia el Oeste sobre los territorios de várdulos(Guipuzcoanos), caristios (alaveses) y autrigones(vizcainos), empezaron a aparecer en las fuentes como contiguos de cántabros. Es un lugar común atribuir a los vascones un aislamiento singular a lo largo de la historia, haciendo de los actuales vascos los descendientes de un pueblo siempre ajeno e independiente del devenir del de los pueblos peninsulares, pero lo cierto es que los vascones pasaron a formar parte, y no marginalmente, del mundo romano que dio comienzo a la forja de la Europa actual. La romanización de Álava y al menos dos tercios de la actual Navarra fue tan intensa como la zona que más de la península, lo que ayuda a explicar en gran medida la sustitución de las lenguas anteriores por el latín ya desde hace dos mil años, y la subsiguiente aparición de romances autóctonos en tiempos medievales. La mayor parte del territorio vascón se romanizó intensamente a partir del siglo I, cubriéndose de villas, explotaciones y poblaciones romanas. Pocas zonas del Norte peninsular evidencian una concentración parecida de restos romanos como la actual provincia de Navarra, solar vascón por excelencia, y su vecina Álava. El sufijo AIN, tan actual en la toponimia vasco-navarra es una derivación del latino ANUS, que servía para designar la propiedad correspondiente. Así, hoy se encuentran los topónimos Ballariain (Valerius), Brutain (Brutus), Astrain (Asterium), Barañain (Veranianum), Paternain (Paternanum), Beriain (Verianum), Marsain (Marsaeus), Mariain (Marius), Amatriain (Emeterius), Bariain (Vareius), Eristain (Evaristus), Muniain (Munio), Urabain (Urbicus) o Maquirriain (Macerianum),Beasain, Andoain. Lo mismo sucede con el sufijo -ano, muy frecuente en Álava, como en Sendadiano (Sendadianum), Miñano (Minianum), Luquiano (Lucianum), Lubiano (Lubianum), Legutiano (Legutius), Ciriano (Cyrius) o Arriano (Arrius). E, igualmente, con los sufijos -az, -ez, -iz: Albéniz (Albanus o Albinus), Apellániz (Ampelius), Estíbaliz (Aestivus), Gasteiz (Gasteius), Gordéliz (Gordelius), Marquínez (Marcus) o Petríquiz (Petrus)2 Dos de las grandes vías romanas transcurrían por territorio vascón: la Ab Asturica Tarracone, que, partiendo de Tarragona, pasaba por las ciudades vasconas de Cascantum (Cascante), Calagorris (Calahorra) y Graccurris (Alfaro), llegando a Oiasso (Irún); y la Ab Asturica Burdigaliam, que pasaba por Aracaeli, Alatondo, Pamplona, Iturissa, Summo Pyreneo e Imo Pyreneo. A partir de estas dos grandes arterias se desarrollaba una importante red secundaria, como la vía de Jaca a Varea y la de Zaragoza a Pamplona por las Cinco Villas. Los territorios —no vascones— de las actuales Vizcaya y Guipúzcoa también experimentaron una notable romanización, si bien de menor intensidad que la que afectó a tierras vasconas. Testimonios de la romanización en territorio autrigón (actual Vizcaya) son principalmente los de Castro Urdiales (el Portus Amanum en el que Vespasiano fundó la colonia para veteranos de Flaviobriga) y Otañes (miliarios de la vía que unía Flaviobriga con Pisoraca-Herrera de Pisuerga). Asimismo se han encontrado en las cercanías de Somorrostro vestigios relacionados con la explotación de las minas de la zona. En territorio caristio (actual Alava) varios testimonios numismáticos han ido apareciendo periódicamente en la ría y el casco urbano de Bilbao, así como en otras localidades como Sopelana, Plencia y Bermeo. Pero la zona vizcaína que destaca por la cantidad e importancia de los hallazgos es la ría de Guernica y sus alrededores, donde se han localizado importantes yacimientos que incluyen estructuras portuarias, edificios, h explotaciones mineras y diversos tipos de asentamientos. Hay a que sugieren como origen del topónimo local Forua (quizá deriva forum) el antiguo carácter de la ría como pequeño puerto flu embarcadero de minerales. Por lo que se refiere al territorio várdulo (actual Guipúzcoa), son de señalar el fcndeadero de Fuenterrabía y la ciudad y puerto de Oiasso (Irún). En esta ciudad, con motivo de las obras urbanas, se van encontrando numerosos restos de notable importancia como diversas estructuras, muelles, necrópolis, un pequeño templo en los cimientos de la ermita de Santa Elena, y numerosos restos numismáticos, vítreos y micos. Algunos autores apuntan como origen del hidrónimo Bida Via ad Oiasso, camino romano que bordearía la ría y comunicaría 1ª ciudad y el puerto con el interior. Estrechamente relacionadas con Fuenterrabía son las minas de Arditurri, en Oyarzun (topónimo tat proveniente de Oiasso), cuyos minerales eran exportados por los romanos desde los citados puertos. Hemos señalado la expansión que experimentaron los vascones por el valle del Ebro de manos de sus aliados romanos. Su NO BELIGERANCIA con las tropas invasoras condujo a las autoridades romanas a colonizar con vascones zonas anteriormente belicosas para así asegurar su sumisión. Aparte de los testimonios contemporáneos, los restos arqueologicos y la toponimia claramente celtibérica de las comarcas riojanas y tierras de Calahorra, Tudela y Cascante evidencian que ésas no eran zonas de vascones y que pasaron a ser pobladas por éstos con posteriori Por ejemplo, todo indica que la celtíbera Calahorra, tras el exterminio de sus habitantes, aliados de Sertorio, fue entregada a los vascones. En siglos posteriores numerosos vascones calagurritanos participaron activamente en la vida militar, administrativa e intelectual romana. Asimismo las ciudades de lacca (Jaca), Setia (posiblemente Ejea Caballeros) y Graccurris (Alfaro), fundada en 179 a. C. por T Sempronio Graco sobre las ruinas de la antigua Ilurcis, fueron entregadas a los vascones tras la muerte o esclavización anteriores pobladores. Este cordón sanitario a base de establecimiento de pobladores no conflictivos fue una política habitual de Roma. Ejemplo, la ciudad arévaca de Numancia, una vez exterminada entregada por los romanos a sus aliados pelendones, y la vaccea Salmántica, a los vettones. Estas entregas evidencian la protección que los romanos dieron a los vascones frente a los celtíberos, al igual que protegieron a vacceos, turmogos y autrigones frente a los ataques de los conflictivos CÁNTABROS. Otro fenómeno distinto fue el de la expansión vascona hacia el Oeste en algún momento de las últimas décadas del Imperio y primeras de las invasiones bárbaras. Los várdulos, caristios y autrigones, pueblos bien diferenciados hasta ese momento, desaparecieron de la historia, y primero los várdulos y después los vascones comenzaron a ser mencionados en las fuentes como vecinos inmediatos de los cántabros. Muchos autores han buscado explicaciones a esta expansión, y las interpretaciones lanzadas han sido variadas. Una de las más aceptadas es la que señala la irrupción de los bárbaros germánicos en la península como el factor que habría obligado a los vascones a desplazarse sobre los territorios de los tres pueblos mencionados (Guipuzcoanos, Alaveses y Vizcaínos), con los que se habrían fundido. Éstos hubieron de ir adoptando la lengua de aquéllos, impregnándola de la suya anterior. Por su parte, los vascones debieron enriquecer su lengua con las aportaciones de los otros pobladores, con la consecuencia de que ya desde entonces —y en muchos casos desde antes— las distintas formas del vascuence incorporan gran cantidad de elementos célticos y de otros orígenes. Decimos las distintas formas del vascuence porque la ocupación de varios pueblos hubo de motivar la dialectización del vascuence que ha llegado hasta nosotros. Incluso hoy pueden rastrearse esos lindes lingüísticos, pues las fronteras dialectales y en cierto modo provinciales de hoy responden en cierta medida a la división antigua de vascones, várdulos, caristios y autrigones. En cuanto al territorio de estos últimos (del Agüera al Nervión, Encartaciones, Nordeste de Burgos y extremo oriental de Cantabria), nunca fue vascófono, lo que evidencia que quizá esta zona fue asimilada en época tardorromana y visigótica más bien por sus vecinos occidentales que por los vascones, que se fundieron con caristios y autrigones en el resto de Vizcaya y Guipúzcoa. Por lo tanto, no hay una IDENTIDAD PERFECTA entre los vascones de la Antigüedad y los vascos de hoy. Éstos son el resultado de la fusión de varios pueblos, y coincide que su denominación actual se asemeja a la de uno de ellos. Pero ello no quiere decir que vasco sea igual a vascón Y que los vascones fuesen los tatarabuelos de los actuales vascos en línea ininterrumpida y con exclusividad. Aparte de lo sucedido en los dos mil años posteriores, naturalmente. (De la obra del historiador Jesús Lainz) |
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#6
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Los Asturianos tuvieron que arreglarselas por ellos mismos ya que desde el principio estuvieron solos y los musulmanes (que nunca mostraron interes por esas tierras) mas cercanos los encontramos en las orillas del Duero.
En la vertiente meridional de los Pirineos la cosa era un tanto diferente, ya que sobre estos lugares convergían los intereses de musulmanes y carolingios, por tanto los naturales de estas tierras estaban bajo el dominio de ambos. Los musulmanes habían sometido Pamplona en el 718 y despues de su derrota en Potiers habían decidido establecerse sólidamente en España. Establecieron en Zaragoza la 'capital' de su Marca superior; su objetivo no era otro que controlar las apetecibles tierras del valle del Ebro así como los principales pasos pirenaicos, estos últimos para evitar las incursiones carolingias. Los gobernadores de estas marcas se caracterizaron muy pronto por sus frecuentes deseos 'independentistas' del poder de Córdoba, lo que les llevaba a pactar con los vecinos cristianos para evitar cualquier represalia que pudiese venir desde la lejana Córdoba; este hecho favoreció en gran medida el desarrollo y expansión de estos pequeños nucleos cristianos. Por último, por la importancia que tendría como veremos, cabe citar a una importante familia musulmana de origen muladí (cristianos convertidos al islamismo), los BANU CASI de Zaragoza; esta familia procedia del linaje de un antiguo conde visigodo por nombre Casius que decidió convertirse al islamismo conservando tierras, poder e influencia. En el 718, los visigodos de la ciudad de Pamplona deciden someterse a los musulmanes y pagar el correspondiente impuesto, de todas formas las relaciones con los musulmanes no fueron del todo malas, especialmente con los muladies del valle del Ebro. En el 778 los carolingios sufren la estrepitosa derrota de Roncesvalles, pero siguen interesados en controlar la zona del Pirineo occidental. En el 798 tiene lugar una celebre asamblea en Toulousse a la que asiste el mismo rey de Asturias (que para entonces era ya reinado consolidado) Alfonso II, con el beneplácito de éste último, se decide la intervención carolingia para controlar toda la vertiente meridional de los Pirineos, cosa que se produce en la persona del sucesor de Carlomagno, Luis el Piadoso. Y en el 812 el propio Luis intervendría personalmente Navarra, cuya gestión fue la imposición de un conde indígena, por nombre Velasco (sin mas) fiel a los Carolingios. Los navarros (nombre que daban los carolingios a los vascones del otro lado de los Pirineos) no tendrían claro con quién quedarse, pue muchos pretendían seguir fieles a los musulmanes y otros quisieron gozar de la protección Carolingia. Acabaron imponiendose los primeros en la persona de quien se considera el primer rey de Pamplona, Iñigo Iñiguez o Iñigo Arista, (que la misma persona es). Era Iñigo Arista de procedencia vascona y estaba emparentado (debido a su madre) con los célebres e influentes Banu Casi de Zaragoza, por tanto si los navarros hacían buenas migas con ellos y éstos las hacían de igual modo con el émir o califa que hubiese en Córdoba, la cosa iría bien para los intereses navarros. En el 824 se produce una rebelión de pamploneses y aragoneses contra el poder carolingio, y el ejército de vascones aquitanos enviado por los carolingios contra los pamploneses fue derrotado por Iñigo Arista. En el 830 Luis el Piadoso debió comprender que Pamplona le estaba dando mas disgustos que beneficios por lo que decidió olvidarse definitivamente de Pamplona y asumir su pérdida. Los Navarros tendrían ahora su propio rey y tendrían mucho que decir e influir entre los reinos cristianos hispanos de la Península. La dinastía Iñiguez Son tres los reyes que pertenecen a esta dinastía: El mencionado Iñigo Arista, Garcia Iñiguez I y Fortún Garces. Prosiguié Iñigo Arista emparentandose con los ya citados Banu Casi y por tanto manteniendo estrechas y amistosas relaciones con todos los musulmanes establecidos a lo largo del cercano valle del Ebro; pero en el 841 los Banu Casi se emistaron con el emir cordobés de turno, Abd al-Rahman II, que a la postre era el poder central y el que mandaba en al-Andalus. Por parte de los Banu Casi, el que destacaba era el célebre Musa Ibn Musa (el llamado tercer rey de España y hermanastro de Iñigo Arista). Los enfrentamientos fueron largos y al final el emir cordobés repartió lo suyo tanto a Musa como a Iñigo, aunque éste último seguiría conservando su reino y el primero acabaría sometiendose y permaneciendo fiel de buen grado hacia el poder central. Tras la muerte de Iñigo Arista el reino, en la persona de su hijo GARCIA IÑIGUEZ, se aleja de los Banu Casi y se aproxima a la monarquía Asturiana de Ordoño I, y la alianza entre navarros y asturianos se pondrá de manifiesto en determinadas campañas militares que emprendieron ambos reinos contra el emir de Cordoba. Por contra, GARCIA IÑIGUEZ tuvo que sufrir esta vez tanto los ataques del emir cordobés Muhammad como del propio Musa, ya reconciliado con el anterior. García Iñiguez se vio obligado a capitular y a entregar a su propio hijo, Fortún Garcés, como rehen, quien permanecería cautivo en Cordoba durante 20 años. Muerto García Iñiguez, le tocaba ser rey a su hijo FORTUN GARCÉS, pero como había permanecido 20 años cautivo en Córdoba, era demasiado mayor para las tareas de gobierno, su lugar sería ocupado por GARCIA JIMENEZ (en calidad de regente). La situación política no había cambiado nada: Continúa la alianza Navarro-Asturiana (esta vez con Alfonso III) y tendrán lugar una serie de matrimonios políticos con los condes aragoneses, pero eso ya es cosa de la siguiente dinastía, la Jimena. La dinastía Jimena y la expansión Navarra Si con la dinastía Arista se consolida el reino de Pamplona, con la nueva dinastía Jimena el reino iniciará una importante expansión que hara ampliar considerablemente las fronteras del pequeño reino pirenaico. Los reyes Asturianos tenían especial interes en que Navarra frenase las incursiones musulmanas procedentes del Este y tanto Navarra como Aragón tenían objetivo común de seguir manteniendo su independencia (o autonomía) del poder carolingio. Y es por estas razonas y no por otras que acordaron de buen grado realizar los siguientes casamientos: Alfonso III de Asturias casó con Jimena (hija de García Jiménez de Navarra) y Onneca (hija del rey Fortún Garcés) casó con el conde aragonés AZNAR GALINDO II; y hecho el apaño ya quedaba formalizada la alianza entre los tres para emprender todo aquello que tuvieran menester. |
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