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  #1  
Viejo 6/may/06, 19:07
gladysruth
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Predeterminado Amado y Amada Resumida VII.II

(Continúa VII.II)

Como tal, y como todo científico acostumbra hacer en su laboratorio –si no, ¿de dónde le viniera al hombre aprender y hacer tales cosas sino de Vos mismo, y de haber comido o adquirido sin autorización de tu mismo poder y conocimiento científico?- en el trazado y consumación de dicho Plan Original de Creación habías dispuesto y destinado un lugar ubicado en la antepuerta del Reino de los Cielos propiamente dicho, llamado para nuestro conocimiento y entendimiento Paraíso, en donde pensaras, querías y predestinaras llevar a cabo dicho Plan hasta alcanzar su máxima plenitud final propuesta.

Tendiente a convertirnos de simples animales en seres Divinos por la dotación de tu mismo Espíritu en nuestro espíritu en el Espíritu Santo, por medio del cual quisieras y querías llevarnos a desarrollar y llegar a tener tu mismo justo y recto Juicio Divino de todas las cosas. De manera tal que con tu mismo recto Juicio llegáramos a ver y entender cuáles eran y serían para nuestro bien y cuales para nuestro mal.

El Plan consistía en crear seres que salidos de Vos, de tu mismo Espíritu, concebidos, por ende, por Vos, llegaran a ser tus Hijos e Hijas convertirnos de simples criaturas, animales, por ende, con todas las características instintivas de los mismos, en seres no divinos, sino Divinos, a tu imagen y semejanza Divina.

Hijos e Hijas en el compartir tu mismo Espíritu en el Espíritu Santo que llegados a la edad adulta te ayudaran a administrar todas tus infinitas Extensiones Celestiales.

Soplando tu Espíritu sobre el seno de la Madre tierra, haciéndola concebir, fecundar y dar a luz la más variada gama de diferentes tipos de especies animales. Entre ellas el hombre. Especies que dejaras, Padre, ir evolucionando libremente conforme los dictados de la Madre naturaleza dentro de sí. De entre todas ellas, viste y te agradó la rápida auto evolución de aquella que en lenguaje y comprensión humana denominamos hombre. Demostrando tener la suficientes capacidades y disponibilidades internas como para llegar a un estado de desarrollo y perfección corporal cada vez más elevado.

Viendo y entendiendo que si demostrando haber sido capaz de evolucionar materialmente sola hasta llegar a la más perfecta plenitud de su desarrollo corporal, de igual manera podría hacerlo espiritualmente si decidías convertirla a tu imagen y semejanza Divina dotándola de tu mismo Espíritu en el Espíritu Santo. Así, lo hiciste, diciéndoles a todos los demás Seres Divinos que existían junto a Vos Allí en aquel momento inicial: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.” Nuestra, da cuenta de no haber estado ni estar solo sino de haber estado junto con otros Seres a tu lado. Quienes también entendieran son los que forman el Divino Tribunal, o el Tribunal Supremo al que también se hace mención en distintas partes de la Biblia.

Tomaste así al hombre. Que conteniendo inicialmente los dos sexos en uno, quisiste dividir en dos partes diferentes, perfecta y necesariamente complementarias, haciéndolo varón y mujer, para que en su mutua entrega y unión en el amor se multiplicaran y llenaran la tierra que a tal fin en el Paraíso quisieras darle. Confiriéndoles así ser co-creadores con Vos, colaborando y ayudándote en la creación de su propia descendencia.

“Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó.” (Gén. 1, 27)

Partes, por ende, diferentes en sus atributos físicos y reproductivos, pero iguales espiritualmente en su condición entre sí y ante Vos, Señor y Dios nuestro. Imagen y semejanza en lo humano la una del otro y viceversa. Queridos convertir a tu imagen y semejanza Divina, por medio de la efusión de tu mismo Espíritu Divino en ambos en el Espíritu Santo.


Partes llamadas uno varón y la otra mujer. Es decir, Adán y Eva. Creando un ámbito propicio en el cual nada les faltase. Creándonos herbívoros. No carnívoros. Tanto al hombre como a las demás especies animales. Siendo por ello que al crearlos les dijera: “Yo les (les, hace referencia al varón y a la mujer por partes iguales; no a uno por sobre la otra) entrego, para que ustedes se alimenten, toda clase de hierbas, de semilla y toda clase de árboles frutales. A los animales salvajes, a las aves de los cielos y a cuanto ser viviente se mueve en la tierra, les doy para que coman pasto verde.” Y así fue.” (Gén. 1, 29-31)

“Dios los bendijo diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal viva en la tierra.”

Que ambos sometieran a la tierra; y no así que una de esas dos partes sometiera a la otra; sino que unidos en un solo ser en Su mismo Espíritu sometieran a la tierra para que le obedeciera, por tener ambos Su mismo Espíritu Divino. El mismo Espíritu de Dios en el Espíritu Santo.

Con Su mismo Espíritu, con el Espíritu de Dios, habríamos de poder mandar, como Vos, Jesús Amado, hicieras, a los peces del mar, a las aves del cielo... mandando llamar a los peces, y éstos viniendo, en el momento en que le dijeras a Pedro y los demás compañeros de barca que habían estado toda la noche tratando de pescar y no pescaran nada. Viniendo y reuniéndose los peces en el lugar exacto que les indicaras, en donde ellos a su vez estuvieran tratando de pescar toda la noche y no pescaran nada, en tal número que al sacarlos tuvieran que pedir ayuda, rompiendo casi las redes.

Diciendo como Vos dijeras, Señor, que quien creyese en Vos, en tu palabra y la pusiera en práctica, habría de hacer las mismas cosas que Vos, e incluso cosas mayores. ¿Mayores que las que Vos hicieras, siendo como hasta aquí no ha existido ser humano sobre la tierra capaz de hacer lo mismo que Vos hicieras, cuanto más cosas mayores? Sin embargo. Sí. Mayores de las que Vos hicieras. Por haber de ser desde el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo que se nos habrían de permitirlas hacer. ¿Por qué no lo hacemos entonces? Porque no le creemos, ni, por consiguiente, lo creemos. Siendo como es y será el Espíritu Santo en nosotros quienes las hace y hará y no así nosotros tan limitados humanamente como somos.

Y los hombres, en sus semejantes y a la vez distintas parejas humanas obedeciendo a nuestro Padre Celestial se hicieron fecundos y multiplicaron; sometiendo la tierra, mandando a sus peces, aves y animales. Y éstos obedeciéndoles. Obedeciendo al mismo sabio Espíritu de Dios en ellos.

Agradándote ir haciendo, Padre, cada vez nuevos grupos de hombres –varones y mujeres- iguales, pero de diferentes colores, rasgos, dimensiones...., llegando a formar comunidades sin estructura jerárquica de la más mínima índole, por estar todos en el mismo nivel de igualdad, teniéndote a Vos por única Cabeza en línea directa, por encima de todos.

Distintos grupos de hombres colocados en distintos espacios de dicho lugar original denominado Paraíso. Grupos que fueras creando unos primeros, otros después. Teniendo y respetando cada uno sus propios tiempos de maduración en el desarrollo de tu Espíritu Santo.

(Continúa en la respuesta siguiente)
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  #2  
Viejo 6/may/06, 19:07
gladysruth
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(Continúa VII.II)

De manera tal que cuando la humanidad cayera en pecado, fuera de tu voluntad trazada hasta allí para ella, desviándose del Plan Original de Creación, no era, ni se trataba tan solo de un varón y una mujer solitarios. Sino de numerosos pueblos que poblaban ya la tierra que antes que aquí existía conjuntamente con el hombre también en el Paraíso.

Conforme a tu Plan Original de Creación, la estadía del hombre en ese lugar de formación y preparación para la vida eterna de los Seres Divinos hechos a tu imagen y semejanza Divina en el Espíritu Santo en el Reino de los Cielos propiamente dicho, llamado Paraíso, no era ni habría de ser eterno, sino temporal. En ese lugar el hombre estaba sometido al paso previo de un período de aprendizaje Divino semejante al que en lo humano se ve expuesto a pasar desde que nace hasta llegar a la edad adulta, pasando por los distintos niveles de instrucción formal de la escuela primaria, secundaria y terciaria o universitaria.

Es decir, el Hombre –en tanto varón y mujer-, la Humanidad, durante su estadía preliminar en el Paraíso se encontraba en un proceso de aprendizaje Divino. En un proceso, a lo largo del cual se le permitía ir adquiriendo un grado y nivel de santidad, perfección espiritual y rectitud de juicio semejante al Tuyo, Padre Amado.

Con el poder de tu mismo Espíritu dentro suyo, su espíritu ejercía sobre el mismo más fuerza que la razón y la materia. Tal como sucede en la levitación. Por ende, en el Paraíso el estado en el que el hombre se encontraba era un estado de santidad y perfección espiritual muy superior al que aquí ha podido llegar a encontrarse a lo largo de todo su paso por este lugar de desierto y destierro. En un estado semejante al que Vos, Jesús Amado, y Vos, María Santísima, llegaran a desarrollar en el Espíritu Santo durante su paso por este mundo.

En tal estado de santidad y perfección espiritual, de auténtico perfecto y fiel amor en Vos, Padre Amado, varón y mujer se unían, eran fecundos y se multiplicaran.

Razón por la cual, no obstante su condición de seres adultos en la materia, físicamente, espiritualmente eran tan puros, inocentes, dóciles y obedientes, tal y como los niños lo son. Siendo por ello, Señor Jesús, que nos llamaras a ser como niños. Como niños en el espíritu.

Amabas y te sentías profundamente complacido en el hombre, varón y mujer, Padre Amado, siendo con quien quisieras coronar en su pareja humana toda tu obra creadora. Todo tu Plan de Creación Original. ¡Ah, qué dichoso te sentías en su mutua contemplación, manifestación y entrega en el amor!

El Plan se iba cumpliendo perfectamente. Habiendo ya un gran número de hombres –varones y mujeres- que habiendo llegado en docilidad, humildad y obediencia a alcanzar tu misma santidad, perfección espiritual y rectitud de juicio como para saber discernir lo bueno de lo malo, quedándose solo con lo bueno y rechazando lo que juzgara malo para sí y para la convivencia de los Seres Divinos en el Reino de los Cielos, habían dado el paso de transfiguración final a tu imagen y semejanza Divina pasando de vivir en el Paraíso a vivir definitivamente de vida eterna en el Reino de los Cielos como Hijos e Hijas tuyos en el Espíritu Santo.

Durante todo ese proceso de aprendizaje Divino, el hombre –varón y mujer- era acompañado e instruido por sabios consejeros como lo eran otros seres espirituales denominados ángeles. Que a diferencia del hombre querido hacer como Hijos tuyos en el Espíritu Santo, eran servidores del Reino de los Cielos. Por ende, servidores de los hombres, al ser éstos pensados como Hijos del Altísimo, aunque aún no lo fueran. Habiéndolo de ser cuando terminaran de adquirir esa madurez en santidad, perfección espiritual y rectitud de Juicio Divino que los hiciera dignos de dejar el Paraíso para terminados de convertir a tu imagen y semejanza Divina pasar a reinar junto con Vos en el Reino de los Cielos propiamente dicho.

Ángeles, servidores del Reino de los Cielos, por ende de los hombres, que se encontraban bajo las ordenes de aquel habría de llegar a conocerse como Lucifer.

Espíritus celestiales que instruían a los hombres no desde fuera sino desde adentro mismo de su ser. Desde su corazón. Desde ahí tenían la misión Divina de hacer que el corazón humano llegara a ser como el mismo corazón de Dios. Con sus mismos sentimientos, pensamientos, querer y consecuente obrar.

Siendo, por ende, también desde allí desde donde muchos de dichos espíritus celestiales declarados en rebeldía con quienes los capitaneaba a la cabeza, urdieron y perpetraron la caída del corazón humano bajo su poder sembrando la cizaña en el mismo de que Vos, Padre Amado, no querías que comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal porque no querías que llegaran a ser a tu imagen y semejanza Divina. Cuando de hecho, era lo único que querías desde que quisieras y decidieras hacerlo a tu imagen y semejanza.


(Continúa en la respuesta siguiente)

Los abrazo en Jesús y en María en el Espíritu Santo.

Bendiciones para todos.


¡LA PAZ ESTE CON USTEDES![I][CENTER][COLOR=Orange]
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  #3  
Viejo 7/may/06, 19:07
gladysruth
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Predeterminado Amado y Amada Resumido VII.II

(Continúa VII.II)

“Les propuso otro ejemplo: “El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, cuando todos estaban durmiendo, vino su enemigo y sembró maleza en medio del trigo. Cuando el trigo estaba echando espigas, apareció la maleza. Entonces los trabajadores fueron a decirle al patrón: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo?; ¿de dónde, pues, viene esta maleza?”

Respondió el patrón: “Eso es obra de un enemigo.” Los obreros le preguntaron: “¿Quieres que la arranquemos?”

“No, dijo el patrón, no sea que al arrancar la maleza arranquen también el trigo. Dejen crecer juntos el trigo y la maleza. Cuando llegue el momento de la cosecha, yo diré a los segadores: Corten primero la maleza y en atados échenla al fuego, y después guarden el trigo en las bodegas.” (Mt. 13, 24-30)
[I]
Palabra de Dios

Vi y entendí que el campo era y es el corazón del hombre. Siendo en el corazón del hombre en donde se encuentra el secreto de todo. El secreto de nuestro origen, de nuestra razón de ser en este lugar del Abismo y de la Muerte, de nuestro destino y predestinación Divina en Vos Dios Uno y Trino en todos los hombres.

De manera tal que si quería poder llegar a saber en qué consistía tal secreto -aún medio como en lo oculto para toda la humanidad- tenía que saber hacer acallar todas las voces externas así como mi propia voz, más aún la voz del enemigo tratándome de amedrentar y paralizar con todo tipo de temores, amenazas, impedimentos, adversidades, rechazos, negativas…

...tanto desde la humanidad de los demás como desde la mía, cerrar los ojos externos, para a partir de allí, mucho más de lo que desde Ushuaia me sintiera llamada y llevada a hacer y ya estaba haciendo, dejar de viajar trasladándome físicamente de un lugar a otro, para entrar y sumergirme en el más profundo y extremo viaje de interiorización, introspectivo y retrospectivo, hacia lo más profundo de mi ser, hasta mi origen mismo en lo humano en este mundo desde mi alumbramiento, más aún desde mi concepción carnal en el vientre materno, para yendo aún más allá, mucho más allá,...

... uniéndome desde el punto de mi inicio embrionario en el vientre materno a toda la restante humanidad ir desde lo más profundo de mi ser siglo a siglo, milenio a milenio, millones y millones de años atrás en mi espíritu echa una con y en tu mismo Espíritu, Padre, Madre, Jesús Amado, en el Espíritu Santo, hasta llegar al origen mismo de nuestra creación y existencia primera en Vos en dicho lugar del Paraíso en el mismo Reino de los Cielos.

Así lo hice. Y todo esto fue lo que se me permitió seguir viendo y entendiendo cada vez con mayor claridad y certeza.

El primer momento a que esta parábola –comparación- se refiere, tuvo lugar en este origen mismo de la humanidad en el Reino de los Cielos del que fuera enviada a dar cuenta sucediera cuando la misma fuera puesta y vivía en el Paraíso. Tan cerca de Vos, Padre Amado, Madre, que no era necesaria la existencia de ningún tipo de intermediario entre Vos y cada uno de nosotros porque te podíamos ver, oír y hablar con Vos cara a cara. Pudiendo verte y conocerte tal como Eras y Sos.

Entendí así en relación a dicha parábola del trigo y la cizaña, lo siguiente. Que el trigo, habiendo sido y siendo el hombre mismo –en tanto varón y mujer- antes de la caída en tentación y pecado, durante el tiempo de ese primer tiempo de formación Divina tendiente a terminarlo convirtiendo en tu viva imagen y reflejo Divino en todos y cada uno de ellos en el Espíritu Santo, cuando llegases a su mayoría de edad en el Espíritu –así como un niño y una niña durante su camino de crecimiento y formación va aprendiendo a ser como sus padres, volviéndose de adulto por lo general un vivo reflejo de los mismos en todo su ser, más allá de sus propias particularidades-, era y son a su vez todas las virtudes que quisiste sembrar y sembraras, Padre y Madre, en un primer momento en el corazón tanto del varón como de la mujer simultáneamente y por igual al crearlos conjuntamente como, como uno solo como pareja humana, quisieras crearlos y los crearas.

Virtudes, dones espirituales, buenos espíritus procedentes de tu mismo Espíritu, queridos sembrar e ir desarrollando como formadores del corazón del hombre en el Espíritu Santo, tales como lo fueran y lo son la humildad, la docilidad, la obediencia, el amor, la alegría, la solidaridad, la templanza, la continencia, la prudencia, el entendimiento, la piedad, la paciencia, la tolerancia, la fortaleza espiritual....el santo temor de Vos, en cuanto no a tenerte miedo sino a saber respetar tu Persona y voluntad por sobre todas las cosas...

Virtudes que tenía que ir aprendiendo y desarrollando durante ese tiempo de transfiguración a tu imagen y semejanza. Gradualmente.

La maleza, o cizaña, pasara a ser en lo que terminara convirtiéndose el hombre –en tanto varón y mujer- luego de dejarse tentar y caer fuera de tu voluntad, por ende, fuera del grandilocuente Plan Original de Creación que tenías trazado para llevarlo a convertirse en un vivo y auténtico reflejo de tu mismo Ser en él y en ella. Como asimismo, la maleza o cizaña, viene a representar en nosotros a partir de allí, la ausencia de tales virtudes. Por ende, defectos, malos espíritus sembrados, enraizados y desarrollados en grado creciente en nuestro corazón a partir de la desobediencia inicial. Tales como la soberbia, el orgullo, la vanidad, el egoísmo, la envidia, la codicia, la impaciencia, la intolerancia, la incomprensión, la desesperanza, el desamor, el odio...

Malos espíritus que siendo también creados buenos en Vos terminaran convirtiéndose en malos dentro del corazón del hombre a causa de la intromisión de un espíritu enemigo de tu Reino Celestial querido apoderarse del mismo y terminando apoderándose de él –en tanto varón y mujer- por dos razones.

(Continúa en la respuesta siguiente)
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  #4  
Viejo 7/may/06, 19:07
gladysruth
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Predeterminado Amado y Amada Resumido VII.II

Continúa VII.II)

Primero, por necesitar de su cuerpo para co-morar con Vos dentro del mismo. Hasta terminar de desplazarte y desterrarte de su corazón para siempre, para entronarse a sí mismo dentro de él, entrando a gobernarlo y reinar de ahí en más teniendo todo el dominio de su voluntad en total contraposición a la Tuya dentro de sí, convirtiéndolo inconscientemente en su esclavo.

Siendo por ello y para ello que Vos, Jesús Amado, vinieras para hacernos tomar conciencia de su morada no fuera sino dentro de nosotros. Dentro del corazón del hombre. No solo de algunos hombres, sino de absolutamente todos los hombres por muy buenos y santos que nos creyéramos, o por los que nos tuviéramos conforme a nuestra caída o no en los conocidos pecados de la carne.

Fue así el corazón del hombre, por ende toda su persona la que en el origen cayó y quedó eternamente bajo el poder de Satanás y todos sus espíritus inmundos ingresados en él –en tanto varón y mujer. Siendo así en su corazón, nuestro corazón, en donde dicho enemigo del Reino de los Cielos –por consiguiente, también de todos nosotros por no ser del mismo sino de Vos, Padre y Madre Celestial, de quienes absolutamente todos saliéramos y somos- estableciera su trono y morada, ejerciendo todo imperio sobre la Creación desde el ejercerlo en primer lugar en y desde nosotros mismos.

Segundo, porque necesitaba formar su propio Reino, Gobierno, Imperio, en total contraposición al Suyo. Que siendo el Tuyo el de la Luz, el suyo habría de ser, sería y es el de las más densas tinieblas en y sobre nosotros. Tinieblas que interponiéndose desde entonces entre Vos y nosotros, entre tu Reino, Gobierno Celestial, en donde fuéramos concebidos, dado a luz y predestinados a ser tus Hijos e Hijas en el Espíritu Santo, pasaran a dominarlo todo en nuestro ser, oscureciéndonos y ofuscándonos la mirada, la audición, el entendimiento, por ende el verdadero conocimiento en Vos de todas las cosas.

Imperio de las tinieblas venido a establecer en este lugar del Abismo y de la Muerte. Pero como no podía imperar si no tenía siervos, súbditos, esclavos sobre quienes hacerlo, fuera que necesitara sacarnos de Vos a través de habernos sabido echado y hacer caer en el peor de los engaños y mentiras con respecto a Vos, tu querer para con nosotros, nuestra relación con Vos que al contrario de lo que el mismo nos hiciera creer no era de siervos –pasando a convertirnos solo en siervos bajo la caída por medio de tal engaño en su poder- sino de Hijos. De auténticos Hijos e Hijas Tuyos en el Espíritu Santo.

Tal fuera y es así que inspirado por el mismo Espíritu Santo de tu Espíritu en su espíritu, Señor, Pablo escribiera:

“Estimo que los sufrimientos de la vida presente no se pueden comparar con la Gloria que nos espera y que ha de manifestarse. Algo entretiene la inquietud del universo, y es la esperanza de que los hijos e hijas de Dios se muestren como son. Pues si la creación se ve obligada a no lograr algo duradero, esto no viene de ella misma, sino de aquel que le impuso este destino. Pero le queda la esperanza; porque el mundo creado también dejará de trabajar para que sea destruido, y compartirá la libertad y la gloria de los hijos de Dios.

Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto. Y también nosotros, aunque ya tengamos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo.

Estamos salvados, pero todo es esperanza. ¿Quieres ver lo que esperas’ Ya no sería esperar; porque, ¿pueden esperar lo que ya ves? Esperemos, pues, sin ver, y lo tendremos, si nos mantenemos firmes. Somos débiles, pero el Espíritu viene en nuestra ayuda. No sabemos cómo pedir ni qué pedir, peo el Espíritu lo pide por nosotros, sin palabras, como con gemidos. Y Aquel que penetra los secretos más íntimos entiende esas aspiraciones del Espíritu, pues el Espíritu quiere conseguir para los santos lo que es de Dios.” (Rom. 8, 18-27)
[/I]

De manera tal que concebidos, dados a luz y predestinados como hijos e hijas de Dios, hijos e hijas de la Luz,arrebatados por dicho espíritu enemigo que dándonos vuelta todas las cosas, encegueciéndonos, ensordeciéndonos y endureciéndonos con el poder de la mentira que nos echara y le creyéramos, nuestro ser y ojo interior quedó a oscuras, en tinieblas. Pasando desde entonces a convertirnos en hijos e hijas de la mentira, de las tinieblas.

Habiendo habido quedado así por toda la eternidad, cayendo cada vez en sucesivas muertes hacia niveles más profundos de este infierno en el que en este lugar del Abismo y de la Muerte ya cayéramos y nos encontramos desde que dejáramos de tener la verdadera vida que en el principio teníamos junto a Vos, Padre Amado, de no haber sido por haber querido dejado toda tu Majestad y bienestar en el Reino de los Cielos, Amado nuestro Jesucristo, para venir en nuestra búsqueda y rescate para volvernos a ser hijos e hijas de la luz y de la verdad, dejando por ende de serlo de las tinieblas y de la mentira, devolviéndonos la vista y mirada interior de todas las cosas tenida incipientemente en el principio y perdida a causa de esa caída y total ceguera interior en la que desde allí quedáramos insumidos.

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  #5  
Viejo 7/may/06, 19:07
gladysruth
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Predeterminado Amado y Amada Resumido VII.II


(Continúa VII.II)

En búsqueda, rescate y reconquista de nuestro corazón extraviado.

“Entonces Jesús volvió a llamar al pueblo y les dijo. “Escúchenme todos y traten de entender. Ninguna cosa que entra en el hombre puede hacerlo impuro; lo que lo hace impuro es lo que sale de él. El que tenga oídos para oír, que oiga.”

Cuando Jesús se apartó de la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre lo que había dicho. Él les respondió: “¿Tampoco ustedes son capaces de entender? ¿No comprenden que nada de lo que entra en el hombre puede hacerlo impuro? Porque no entra en su corazón, sino en su estómago, y después sale de su cuerpo.”

Así Jesús declaraba que todos los elementos son puros.

Y luego explicaba: “Lo que sale del hombre, eso lo hace impuro, pues del corazón del hombre salen las malas intenciones: inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impuro al hombre.” (Mc. 7, 14-23)

“Cuando un espíritu malo ha salido de un hombre, anda vagando por lugares secos, en busca de reposo. Y, como no encuentra este reposo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. A su llegada, la encuentra barrida y ordenada. Entonces va y se junta con otros siete espíritus peores que él; luego vuelve, entra y se queda. Y el estado de este hombre llega a ser peor que el anterior.” (Lc. 11, 24-26)

“Al llegar a la orilla opuesta, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre unos sepulcros y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie podía pasar por ese camino. Y se pusieron a gritar: “Hijo de Dios, ¿qué quieres con nosotros? ¿Viniste a atormentarnos antes de tiempo?”

Había por allí, a alguna distancia, una gran cantidad de cerdos que estaban pastando. Los demonios suplicaron a Jesús: “Si nos expulsas, mándanos a esta manada de cerdos.” Jesús les dijo: “Vayan”. Salieron, pues, y se metieron en los cerdos. Y sucedió que de repente toda la manada se lanzó al mar desde lo alto del acantilado y perecieron en las aguas.

Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad. Ahí contaron todo lo sucedido y también lo referente a los endemoniados. Entonces todos los habitantes vinieron al encuentro de Jesús y le rogaron que se fuera de su territorio.” (Mt. 8, 28-34)

“Le trajeron en ese momento un endemoniado ciego y mudo. Jesús lo sanó, de modo que pudo ver y hablar. Con esto, todo el pueblo quedó asombrado y preguntaban: “¿No será éste el hijo de David?” A lo que respondieron los fariseos: “Este echa los demonios por obra de Beelzebú, rey de los demonios.”

Jesús sabía lo que estaban pensando, y les dijo. “¿Todo reino dividido en dos bandos está perdido, y toda ciudad o familia dividida se viene abajo. Si fuera Satanás el que echa a Satanás, se haría la guerra a sí mismo, por lo tanto, ¿cómo podría durar su poder? Y si yo echo los demonios con el poder de Belcebú, los amigos de ustedes, ¿con qué poder los echan? Ellos apreciarán estos comentarios.

Pero si yo echo los demonios con el soplo del Espíritu de Dios, comprendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.

¿Quién podrá entrar en la casa de un hombre valiente y robarle sus cosas, si primero no lo amarra? Solo entonces le podrán saquear la casa.

El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.

Por eso yo les digo: “Se perdonará a los hombres cualquier palabra escandalosa que hayan dicho contra Dios. Pero las calumnias contra el Espíritu Santo no tendrán perdón.

El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo, ni en el otro.” (Mt. 12, 22-32)
[I]

Palabra de Dios

Apoderándose dicho espíritu enemigo del corazón, por ende, del cuerpo del hombre, constituyéndolo a partir de allí en morada de todos los espíritus –ángeles- que se rebelaran, Padre, contra tu Reino de la Luz, convertidos a partir de allí en demonios, todo hombre –varón y mujer- quedara desde entonces endemoniado. Es decir, poseído por dicho espíritu desviado de tu Plan Original. Todos quedamos poseídos por dichos malos espíritus. Por dichos demonios. Poderosamente dominados por los malos espíritus de la soberbia, avaricia, codicia, corrupción, orgullo, vanidad, envidia, egoísmo.... ya fuese que fuéramos conciente o no de poseerlos. Ya que por lo general es común y fácil verlos en los demás –vueltos hacia fuera y no hacía adentro como en nuestro atrofiado juicio desde entonces quedáramos- pero no en nosotros mismos. Cuando en verdad, no existe ser humano sobre la faz de la tierra que en mayor o menor grado no sea orgulloso, soberbio, codicioso….

Por consiguiente, todos los hombres pasáramos a quedar endemoniados. En algunos, tal posesión es más fuerte y evidente. Tal y como sucediera con el caso de los endemoniados de Gadara. Como así mismo en los que roban, matan, violan... En otros, en la gran mayoría –como en los miembros del Consejo Supremo Judío, con toda su públicamente acreditada religiosidad, que fueran quienes terminaran urdiendo tu caída, enjuiciamiento y muerte, Jesús Amado- logran pasar casi por desapercibidos, tras una mal entendida santidad... Poniéndose de manifiesto a través del hecho de poder llegar a creernos ser más importantes y mejores que los que roban, asesinan, se prostituyen físicamente...constituyéndonos en sus jueces...emitiendo todo tipo de severos juicios hacia ellos, cuando el peor de los robos, asesinatos y prostitución cometidos bajo dicho espíritu enemigo apoderado de nuestro corazón desde entonces es el de juzgar, condenar y dar muerte a los demás desde nuestros propio atrofiado juicio, impidiéndole alcanzar la salvación, no alcanzándola tampoco para nosotros mismos a causa de tales juicios, condenaciones y homicidios espirituales.

Si no fuera y de no haber sido por querer venir y porque vinieras Vos, Señor Jesús, para queriéndonos hacer ver esta realidad terminar expulsando por medio de tu palabra y sacrificio extremo de amor a dichos espíritus inmundos de nuestro corazón. Buscando volver a convertir nuestro corazón semejante al Tuyo en fidelidad, obediencia, amor, humildad y docilidad al saber volver a someter nuestra voluntad, gobernada desde entonces por dicho espíritu enemigo que nos llevara a rebelarnos contra Vos, Padre Eterno, junto con él, respecto de la única, gloriosa y excelsa Tuya para con todos nosotros.

A fin de que a partir de allí reabriéndonos el camino de regreso hacia el Reino de los Cielos, enseñarnos a querer y saber hacer hasta el fin Tu voluntad y no la nuestra. Como, Vos, Señor Jesús, quisiste darnos ejemplo desde el huerto de Getsemaní. Para que también todos los hombres termináramos saber haciendo lo mismo que Vos hicieras.

Así, el hombre –varón y mujer- en el principio estaba en gloria a tu lado, Padre Celestial. Hasta que dicho espíritu declarado en rebelión contra Vos junto con toda una multitud de otros espíritus, nos llevara a rebelarnos y caer junto con él en este lugar del Abismo y de la Muerte. Lugar en donde pensara venir a establecer su propio reinado en total contraposición con el Tuyo. A total costa nuestra. A costa del hacernos caer en su poder. Por necesitar nuestro cuerpo para establecer en él su morada, sin el cual no habría de poder haber venido nunca a establecer aquí su reino. Así como necesitar también nuestra voluntad en oposición desde entonces a la Tuya. Para convertirnos en sus esclavos sobre los cuales establecer su imperio.

Haciéndole creer en nuestra inicial ignorancia, inconsciencia tenida respecto de la verdad por aquel inicial tiempo de que Vos no querías que comiéramos del árbol de la Ciencia del bien y del mal porque si comíamos habríamos de ser como Vos, no queriendo que fuéramos como Vos, Padre Amado. Cuando, la verdad era y es que desde el vamos no pensaras, quisieras y predestinaras otra cosa para nosotros que el que como dignos hijos e hijas Tuyas llegáramos a revestirnos por completo de tu misma Divinidad, Ser, Gloria, al llegar a nuestra edad adulta en el conocimiento de las cosas del Espíritu.

Instándonos de igual manera, a como cuando dejando de ser niños en este cuerpo mortal, al llegar a la pubertad y adolescencia, nos sentimos y vemos llevados a rebelarnos contra nuestros padres, adultos, así como contra todo el mundo conocido hasta el momento. Período de tiempo en nuestro crecimiento y evolución, en el que, desconociendo, siendo inconscientes de la verdad respecto de todas las cosas, sintiéndonos y dejándonos llevar por un fuerte dictado interior que nos llama a vivir nuestra vida a nuestra manera, dictarnos nuestras propias leyes, reglas, disposiciones, religión. Llegando a ver tantas leyes, reglas, disposiciones y religiones diferentes como seres humanos existimos sobre la faz de la tierra. Porque por más que formemos parte y nos dejemos guiar por una determinada religión popular, en el fondo terminamos conformando la misma de acuerdo a nuestra propia manera de pensar, sentir, ser, querer, obrar. Entendiendo estar bien que así sea. Pero teniéndote a Vos, Dios Uno y Trino, como cabeza y Señor de nuestra vida.

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  #6  
Viejo 7/may/06, 19:07
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Predeterminado Amado y Amada Resumido VII.II

[COLOR=DarkRed](Continúa VII.II)

Tal es así que está igualmente escrito que en los últimos tiempos ya nadie tendrá que instruir respecto a tu conocimiento y querer a los demás. Por haber de ser Vos mismo quien en tu mismo Espíritu en nuestro espíritu en el Espíritu Santo vuelto a suscitar con tu venida Jesús Amado en nuestro corazón por sobre dicho espíritu enemigo apoderado desde el principio del mismo y por ende de nosotros, volverías y volverás a inspirarnos y hablarnos tu voluntad para con cada uno de nosotros directamente en nuestro corazón en espíritu y en verdad. Amén. ¡Gloria a Dios!

De igual manera sucediera con el hombre –varón y mujer- en aquel principio de nuestro origen en Vos, Padre Celestial. Siendo aún como niños en las cosas del Espíritu, por consiguiente seres aún inconscientes con respecto a la verdad, creyendo y confiando más en un espíritu enemigo hablándonos en total contrasentido a lo que Vos nos decías, nos dejáramos engañar y llevar por el mismo para terminar quedando sometidos desde entonces a su querer por sobre el Tuyo en nuestro querer, manera de ver, oír, entender, pensar, sentir y ser.

Rebelión que finalmente terminara viendo y entendiendo fuera producida y llevada a cabo simultáneamente en el corazón tanto del varón como de la mujer. No siendo ni Eva ni Adán el primero que se dejara tentar, por ende, llevar a su perdición al otro, y a toda la restante humanidad y creación consigo, sino que fueran juntos que lo hicieran. Dándose mutuamente a beber de dicho conocimiento aún prohibido, luego de consentir y convenir terminar oponiéndose a tu voluntad para ir y comer del poder y conocimiento del bien y del mal que aún nos era inaccesible por no encontrarnos preparados espiritualmente como para recibirlo sin que con ello a causa de tal desobediencia no nos terminara causando la muerte del Reino de los Cielos. Tal y como terminara causándonosla.

Siendo aún como éramos en la conversión a tu misma imagen y semejanza Divina en el Espíritu Santo como un producto no acabado. Por no haber terminado de realizar aún el proceso de formación Divina en el Espíritu Santo dentro del que en el Paraíso nos encontrábamos insumidos.

De modo que el tomar posesión de dicho poder y conocimiento Divino cuando aún no estábamos totalmente preparados como para poder hacerlo sin que ello nos ocasionara la muerte, en vez de ser algo que nos hiciera ver, oír y entender como dicho espíritu enemigo nos dijera sucedería si oponiéndonos a tu manifiesta voluntad, Padre, comíamos del mismo no cuando Vos nos dijeras sino cuando así nos viniera en ganas querer hacerlo para que de ese modo ya no hubiera nadie que nos gobernara diciéndonos qué pensar, sentir, querer, hacer, cómo ser, recibir todo el impacto de tanto poder y conocimiento Divino de golpe, quitándonos la vista y mirada interior que en el espíritu teníamos, nos terminara dejando más ciegos que un topo y más sordos que una tapía con respecto a la verdad de todas las cosas. Entrando a vivir desde entonces en el mayor de los engaños y mentiras. Vueltos ciegos, sordos y duros de corazón y entendimiento.

Por eso, viniste también, Señor. Para hacer ver a los ciegos, hacer oír a los sordos, hacer andar a los paralíticos, hacer hablar a los mudos, liberar a los cautivos y oprimidos...no físicamente, sino espiritualmente. Para darnos a conocer la verdad. La verdad respecto a nuestro origen, razón de ser en este lugar del Abismo y de la Muerte y predestinación Divina en Vos en el Espíritu Santo. La verdad que habría de terminar de hacernos verdaderamente libres. No exteriormente sino interiormente. Espiritualmente. Porque mientras tengamos y tenemos que permanecer en este lugar del Abismo y de la Muerte al que dicho espíritu enemigo lograra traernos encadenados a sí, tendremos que seguir estando sometidos a las layes, criterios, disposiciones establecidas por el enemigo, para este transitorio lugar de expiación y reparación de nuestro pecado original, desde lo más oculto de nuestro mismo corazón y voluntad.

Siempre y cuando las mismas no se opongan en todo o en algo a tu Ley Celestial del amor, perdón y justicia Divina imperante en el mismo Reino de los Cielos para todos sus habitantes, como para los que por cualquiera sea la causa se hayan tenido que ver obligados a inmigrar, por propia voluntad o destierro fuera del mismo. Ley Superior vuelta a restaurar junto con el Reino de los Cielos en nuestro corazón por sobre la ley de dicho espíritu enemigo impuesta hasta el momento dentro nuestro. Convertidos en Vos, Cristo Amado, en el Espíritu Santo, nuevamente en ciudadanos del infinito, del Reino Celestial por más que aún tengamos que seguir viviendo y padeciendo bajo el rigor de las leyes y disposiciones establecidas sobre nosotros en este lugar extranjero.

Porque con comer de dicho árbol, podría decirse que solo lográramos hacer que se abrieran nuestros ojos y oídos materiales. Cerrándose y quedando totalmente atrofiados, ciego y sordo, nuestro ojo y oído interior, espiritual, abierto, y por medio del cual se nos permitía estar en directa comunicación con Vos, Padre, desde que quisieras convertirnos a tu imagen y semejanza, abriéndonos interiormente a llegar a tener tu misma visión, audición, entendimiento y juicio de todas las cosas.

Siendo como era y es que solo los ojos y oídos espirituales y no los biológicos los que nos permitían y nos permiten poder llegar a alcanzar el verdadero conocimiento en Dios de todas las cosas. De las del cielo y de las de la tierra.

Se cerraron nuestros ojos y oídos espirituales que no tenían maldad ni malicia. Y se abrieron nuestros ojos y oídos físicos llenos de maldad y de malicia. Debido a lo cual al dejar de ver con la pureza de los ojos del espíritu en el Espíritu Santo y comenzar a ver con la impureza de los ojos de la carne, al descubrir de pronto que estábamos desnudos buscáramos desde entonces cómo cubrir nuestra desnudez, echándonos todo tipo de pesadas vestimentas encima tratando de impedir que se vieran todos nuestros defectos, deficiencia, maldad.

Y víctimas del engaño y la mentira, con la plena introducción y establecimiento del gobierno de dicho espíritu engañador y mentiroso que nos llevara a apartarnos del grandioso Plan Celestial que tenías para nosotros en Vos, con Vos, por Vos y para Vos, Padre Eterno, quedamos convertidos desde entonces en seres propensos a engañar y mentir. Así de engañador y mentiroso como era y es el padre del engaño y la mentira que nos diera muerte de la vida y verdad que en aquel inicio teníamos y en la que estábamos y ya comenzábamos a descubrir en toda su plenitud en tu mismo Espíritu en el Reino de los Cielos , trayéndonos cautivos a aquí como sus hijos e hijas frutos del engaño y mentira en la que nos hiciera caer y tener desde entonces.

Volviéndonos engañadores y mentirosos desde entonces. Por mucho que en todo tiempo amaramos, buscáramos y creyéramos estar en la verdad. Pero enamorados de la verdad. La cual también todos, quien más quien menos, tratáramos y tratamos de descubrir y abrazar a como diera y dé a lugar. ¿Ello, por qué? Porque, al igual que la felicidad, en el principio estábamos y vivíamos en la única y más absoluta de las verdades que eras y sos solo Vos, Dios Padre Todopoderoso, Señor Jesús, en el Espíritu Santo. Verdad que habiendo comenzado a conocerla, acariciarla e incorporarla plenamente en nuestro ser por el Espíritu Santo, desde entonces, buscamos fervientemente volver a dar con ella, no obstante saber estar en todo o en algo en la mentira, temiendo terminar viéndonos siempre engañados creyendo estar en la verdad.


“Pues yo, hermanos, cuando fui a ustedes para darles a conocer el proyecto misterioso de Dios, no llegué con oratoria ni grandes teorías. Con ustedes decidí no conocer más que a Jesús, el Mesías, y un Mesías crucificado. Yo mismo me sentí débil ante ustedes, tímido y tembloroso. Mis palabras y mi mensaje no contaron con los recursos de la oratoria, sino con manifestaciones de espíritu y poder, par que su fe se apoyara no en sabiduría humana, sino en el poder de Dios.

Es verdad que con los perfectos hablamos de sabiduría, pero es una sabiduría que no procede de este mundo ni de sus cabezas, ya que han sido eliminados. Enseñamos el misterio de la sabiduría divina, el plan secreto que estableció Dios desde el principio para llevarnos a la gloria.

Esta sabiduría no fue conocida por ninguna de las cabezas de este mundo, pues de haberla conocido, no habrían crucificado al Señor de la Gloria. Recuerden la Escritura: Ni ojo vio, ni oído oyó, ni por mente humana han pasado las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman. Pero a nosotros nos lo reveló Dios por medio de su Espíritu, pues el Espíritu escudriña todo, hasta las profundidades de Dios.

En efecto, nadie nos conoce como nuestro espíritu, porque está en nosotros. De igual modo, sólo el Espíritu de Dios conoce las cosas de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, y por el entendemos lo que Dios nos ha regalado. Hablamos, pues, de esto, no con los términos de la sabiduría humana, sino con los que nos enseña el Espíritu, expresando realidades espirituales para quienes son espirituales.

El que se queda a nivel de la psicología no acepta las cosas del Espíritu. Para él son tonterías y no las puede apreciar, pues se necesita una experiencia espiritual. En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, y a él nadie lo puede juzgar. ¿Quién ha conocido la forma de pensar del Señor y puede aconsejarle? Y precisamente nosotros tenemos la forma de pensar de Cristo.” (1 Cor. 2)
[/I]

(Continúa en la respuesta siguiente)

Los abrazo en Jesús y en María en el Espíritu Santo.

Bendiciones para todos.

LA PAZ ESTE CON USTEDES
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  #7  
Viejo 9/may/06, 22:10
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Predeterminado Amado y Amada Resumido VII.II

(Continúa VII.II. 3p)

“Una rama saldrá del tronco de Jesé, un brote surgirá
de sus raíces. Sobre él reposará el Espíritu de Yavé,
espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de
prudencia y valentía, espíritu para conocer a Yavé, y
para respetarlo, y para gobernar según a sus
preceptos.

No juzgará por las apariencias ni se decidirá por lo
que se dice, sino que hará justicia a los débiles y
dictará sentencias justas a favor del pobre.

Su palabra derribará al opresor, el soplo de sus
labios matará al malvado. Tendrá como cinturón la
justicia, y la lealtad será el ceñidor de sus caderas.

El lobo habitará con el cordero, el puma se acostará
junto al cabrito, el ternero comerá al lado del león y
un niño chiquito los cuidará.

La vaca y el oso pastarán en compañía y sus crías
reposarán juntas. Pues el león también comerá pasto,
igual que el buey.

El niño de pecho pisará el hoyo de la víbora, y sobre
la cueva de la culebra el pequeñuelo colocará su mano.

No conocerán el mal, ni dañarán a su prójimo en todo
mi Cerro santo, pues, como llenan las aguas el mar, se
llenará la tierra del conocimiento de Yavé. (Is. 11,
1-9)


Vi y entendí que siendo así como era en el principio, en el Paraíso, antes de nuestra salida fuera de tu voluntad y glorioso Plan Original trazado para con todos nosotros, Padre, así querías y quieres que vuelva a hacer al terminar de retomarse el Plan Original en el mismo punto en que se viera interrumpido, malogrado y suspendido por nuestra caída, por medio de la total consumación del Plan de Salvación querido terminar de llevar a su término, entendiera y entendiendo, en esta última hora.

Así era como lo concibieras, quisieras y predestinaras. Todos convivíamos en la más absoluta paz, armonía y perfecta justicia. La Humanidad con toda la restante Creación animal y vegetal. No existía la maldad. Ni siquiera los animales, como el oso y el león, eran ni serán carnívoros, sino herbívoros. Tal y como en el principio lo pensaras, querías y predestinaras, Padre, que fuera. Conviviendo y respirando todos de tu mismo Espíritu.

Hasta que un espíritu enemigo suscitado en la mayoría de los miembros de tu Ejército de seres celestiales, llevándolos a ambicionar hacer uso del poder y conocimiento que quisieras conferirles para servirte y servirnos en el camino de nuestra formación y transformación a tu imagen y semejanza Divina como hijos de hijas muy amados en los que depositar toda tu confianza, lo perturbara y desarmonizara todo, suscitando la injusticia, desigualdad y enemistad entre todo y todos.

En primer lugar el hombre –varón y mujer- constituido por tres partes: espíritu, razón y carne, se encontraba en la más perfecta paz, justicia, armonía interior. La fuerza de su espíritu salido de tu mismo Espíritu en el Espíritu Santo, Padre, predominaba sobre la razón y la carne. Partes estas últimas que estaban sometidas y supeditas a tu Espíritu en nuestro espíritu.

Estando en paz, amor y armonía con nosotros mismos, estábamos en paz, amor y armonía con la pareja que te agradara darnos, con los demás seres humanos, con la restante creación. Por ende, con Vos, Padre. Más bien, estando en perfecta paz y amor con Vos, estábamos en perfecta paz y amor con nosotros mismos. Por ende, con nuestra pareja, con los demás hombres, con la restante creación. Siendo justos, haciendo justo uso y administración de todas las cosas.

Hasta que dicho espíritu enemigo logró entrar y suscitar en nuestro corazón un mayor poder de la carne por sobre nuestro, si bien, fuerte espíritu e inteligencia, por ser en Vos que estábamos cimentados, aún por aquel entonces incipiente. Encadenándonos y dejándonos recluidos en nuestro propio espíritu en Vos, Padre Eterno, en las celdas más profundas y oscuras de nuestro ser interior.

Manteniéndonos adormecidos y desmemoriados bajo tal estado de amnesia que, imposible nos hubiera sido volver a recordar de donde somos y procedemos, por ende, a dónde estábamos llamado a volver en todo nuestro conjunto, de no haber venido, Vos, Jesús Amado, para volver a despertar y liberarnos de tal prisión, sueño, ceguera, sordera, parálisis y mudez interior al contacto nuevamente del soplo y llamado de tu Espíritu a nuestro espíritu en el Espíritu Santo.

Pero, hasta el tiempo previo a tu venida, y nueva suscitación de tu mismo Espíritu en nuestro espíritu en el Espíritu Santo llamándonos y llevándonos a despertar, ver, oír, entender, ponernos de pie y en marcha, convergiendo nuestros pasos –con versión- de vuelta hacia tu Casa y Patria Celestial, Padre, Jesús Amado, roto, como quedara todo roto tanto dentro como fuera de nosotros, nuestro espíritu, nuestra razón y nuestra carne, tanto dentro de nosotros como fuera, se mantuvieran en un estado de continua y mortal confrontación. La fe contra la razón y la carne; la razón contra la fe y la carne; la carne contra la fe y la razón.

Cuando éramos y somos la conjunción y resultado de esas tres partes constitutivas. Pudiendo llegar solo a la plenitud de nuestra realización, cuando nuestras tres partes constituyentes volvieran a llegar a la mutua comprensión y más perfecto entendimiento. Sabiendo y reconociendo que no solo somos espíritu, ni solo razón, ni solo carne. Sino espíritu, razón y carne. El resultado de la sumatoria perfecta de esas tres integrales de nuestro ser.

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  #8  
Viejo 9/may/06, 22:10
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Predeterminado Amado y Amada Resumido VII.II

(Continúa VII.II)

Para a partir de la restitución de nuestra unidad interior perdida en nuestro origen a causa de nuestra caída bajo el poder de dicho enemigo que lo enemistara todo tanto dentro como fuera de nosotros, en y entre nosotros, poder solo entonces llegar a la unidad exterior con nuestra pareja, con los demás hombres, con la restante creación. Con Vos, Padre, Madre, Jesús Amado, en el Espíritu Santo. Habiendo de ser solo entonces que podremos llegar a sentirnos y saber estar nuevamente en la más perfecta y eterna unidad con Vos.


“La serpiente era la más astuta de todos los animales del campo que Yavé había hecho, y dijo a la mujer. “¿Es cierto que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?” La mujer respondió: “Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín, menos del fruto del árbol que está en medio del jardín, pues Dios nos ha dicho: No coman de él ni lo toquen siquiera, porque si lo hacen morirán.”

La serpiente replicó: “De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como dioses y conocerán el bien y el mal.”

La mujer vio que el árbol era apetitoso, que atraía la vista y que era muy bueno para alcanzar la sabiduría. Tomó de su fruto y comió y se lo pasó en seguida a su marido, que andaba con ella, quien también lo comió.

Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos, y se hicieron unos taparrabos cosiendo unas hojas de higuera.

Oyeron después los pasos de Yavé que se paseaba por el jardín, a la hora de la brisa de la tarde. El hombre y su mujer se escondieron, para que Dios no los viera, entre los árboles del jardín. Yavé Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?” Este contestó: “Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo, por eso me escondí.” Yavé replicó: “¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol que te he prohibí?” El hombre respondió: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.”

Yavé dijo a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?”, y la mujer respondió: “La serpiente me ha engañado y comí.” (Gén. 3, 1-13)
[I]

Conforme a lo que veía pasaba en el mundo en la relación entre el varón y la mujer, comprendí que en el principio no todo sucediera como este cuento relatado de generación en generación entre los hombres lo contara y cuenta. Sino que ello fuera simplemente una idea de lo que en realidad sucediera.

Porque así como en toda relación de pareja antes de comenzar una relación existe un mutuo acuerdo y mutuo consentimiento –a la luz de cómo viera y entendiera se fuera originando, creciendo y alimentando nuestro amor, Daniel, en nuestros mutuos corazones; aún incluso sin que nunca hubiéramos llegado a hablar directamente de ello- vi y entendí que también en aquel comienzo se tratara de un mutuo llamado, tentación, seducción y consentimiento a caer juntos en comer o beber –fuese de lo que la adquisición de tal conocimiento científico se tratase- del árbol de la Ciencia del bien y del mal que aún les estaba prohibido.

De modo que, si bien todo el peso de la culpa del pecado cometido fuera en aquel origen de dicho espíritu enemigo –por ser el único consciente del mal que planificara llevar a cabo, conociendo perfectamente cuáles habrían de ser sus más letales consecuencias-, ignorantes e inconscientes como aún éramos en el Espíritu por aquel tiempo de todas las cosas, de nuestros actos y sus fatales consecuencias –tal como un niño y una niña pequeño que advertidos de no meter los dedos en el enchufe, metiendolos igual terminan muriendo electrocutados en su gran ignorancia e inconsciencia de todas las cosas, sin siquiera llegarse a dar cuenta de lo que hicieran- respecto de la tentación y consentimiento en la perpetración del mismo si hubo culpa –que sin duda la hubo- fue por partes iguales. Por partes iguales del varón y la mujer.

Como consecuencia de lo cual, ambos tuvieron que comparecer ante el Tribunal Supremo –del que se hace también mención en otros pasajes bíblicos-.

Viéndose sometidos, por ende, a tener que pasar por un juicio preliminar. Juicio, que aún por aquel tiempo no fuera el Juicio final, a causa de la ignorancia e inconsciencia en la que por aquel entonces ambos se encontraran, cayendo víctimas del peor de los engaños y mentiras. Juicio, que no habría de ser aún por aquel tiempo el Juicio final.

El Juicio definitivo que habría de dictarse sobre ambos y toda su descendencia en la Humanidad entera, hasta tanto el hombre, no solo en tanto varón, sino también en tanto mujer, llegara a tomar y tener pleno y justo conocimiento y conciencia en el Espíritu Santo respecto de la verdad de todas las cosas; tanto de las celestiales como de las terrenales.

Tiempo que quisieras llevarme a ver y entender llegara a su término para el varón hacía 2000 años con tu venida, Señor nuestro Jesucristo, revelándole en los apóstoles y sus sucesores todo cuanto hasta allí si bien en toda su plenitud aún a medias quisieras revelarles respecto de este Plan de Salvación.

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  #9  
Viejo 9/may/06, 22:10
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Predeterminado Amado y Amada Resumido VII.II

(Continúa VII.II)

Siendo ahora, cuando quisieras y quieres llegue también a su término para la mujer, también por Vos mismo en el Espíritu Santo a través de todo esto cuanto de tu Espíritu a mi espíritu en el Espíritu Santo quisieras terminarme de revelar respecto a la mitad de la verdad que aún permanecía oculta.

Para que a mi vez se las diera a conocer en primer lugar a dichos varones. A dichos apóstoles. Como sos testigo, Daniel amado, que fuera exactamente eso lo que durante estos últimos cinco años tratara de hacer e hiciera, dando a conocer todo esto a medida como lo iba concibiendo y dando a luz en primer lugar a todos ustedes los sacerdotes, el clero de la Iglesia Católica, principalmente por tu medio. Tal y como viera y entendiera, Vos, Señor Jesús, me mandaras en primer lugar dárselos a saber a todos ellos.

Para en esta hora final, dárselos igualmente a conocer a todos ustedes hermanos y hermanas en Cristo en el Espíritu Santo en el mundo entero. Tal y como por medio de estos foros estoy haciendo en el Espíritu Santo.

Siendo así como viera y entendiera que el tiempo durante el cual dicho Juicio definitivo –respecto del destino último de la Humanidad- fuera pospuesto en aquel principio a causa de su aún ignorancia e inconsciencia de la verdad respecto de todas las cosas, hasta que en todo su conjunto, en tanto varón y mujer, llegara a alcanzar justo conocimiento y conciencia de la misma, estaba llegando ya a su fin. Estando ya aquí y ahora.

Porque así como no se puede condenar a muerte a un niño por grave que sea el mal que llegara a cometer –en primer instancia contra sí mismo, como todo mal que se realiza siempre es; en segunda instancia contra los demás- por no saber, por no tener ni idea de lo que hace y ha hecho, Vos, Padre Celestial, juzgaste no poder condenar aún a muerte eterna al hombre –al varón y a la mujer-, a la humanidad, por la terrible gravedad del mal cometido, porque cuando hicieron lo que hicieron, creyendo saber qué era lo que hacían, no tenían ni la más remota idea del terrible mal que se estaban causando, haciendo caer sobre sí y sobre toda la restante Creación existente junto con él, con ella, en aquel origen en el Paraíso.

No, al menos, hasta tanto, no haberle permitido primero poder llegar de cualquier manera –no obstante haber dejado malogrado el Plan Original- por medio de la implementación de un nuevo Plan –el Plan de Salvación- a la madurez en el espíritu por obra y gracia nuevamente del Espíritu Santo.

De manera tal que llegando a tener cabal conocimiento y justa conciencia de todas las cosas, pudiendo ya ver, entender y juzgar por sí mismo lo que era bueno y lo que era malo para sí mismo y para los demás, terminara entonces sí, sabiendo ya lo que hacía, optando y decidiendo cuál quería que fuese su destino último cumplido el tiempo de tu gran misericordia Divina, Padre, a la espera de su final total conversión en tu viva imagen y semejanza o final total conversión en mortal imagen y semejanza de dicho espíritu enemigo que en el principio lograra hacerle caer en esta primer muerte en el espíritu.

Siendo por ende, todos llamados a la vida eterna. Pero, en definitiva, solo una parte la elegida para volver a ascender y entrar definitivamente en la misma en el Espíritu Santo. Elección no proveniente de Vos, sino de la decisión final que cada varón y mujer supiera terminar tomando respecto al destino último querido para sí: el de la vida eterna en el Reino de los Cielos junto a Vos, o el de la muerte eterna en el Infierno, también propiamente dicho, junto a Satanás y su imperio de las tinieblas.

Siendo de este modo que aquel primer varón y aquella primera mujer –no que existieran sino que pecaran saliéndose de la observancia y cumplimiento de tu manifiesta voluntad para con ambos- comparecieran ante dicho juicio preliminar. Dándoseles a ambos la oportunidad de dar su propio testimonio de lo ocurrido, presentando su propia y conjunta defensa.

Viendo y entendiendo que en aquel momento y juicio inicial ninguno de los dos dijera la total verdad de los hechos. De cómo fuera que en verdad acontecieran los hechos.

Sino, que por el contrario, habiendo caído presos ya bajo el engaño y la mentira en la que dicho espíritu enemigo lograra desde entonces hacerlos caer y dejarlos cautivos bajo su mortal tergiversador, enceguecedor y mortal poder, en el careo mantenido ante el Tribunal Supremo, ambos mintieran.

Y lo más grave del caso, no solo mintieran, sin que trataran de engañarte a Vos, Padre, con su falso testimonio al mentir respecto de lo que realmente sucediera. Cuando sin necesidad de que ellos te dijeran nada, desde mucho antes de haberlo cometido, desde la misma concepción y trazado previo del Plan Original, sabías perfectamente bien lo que había sucedido.

Queriendo solo con el hacerlos comparecer ante tal Tribunal Divino, que ambos dijeran la verdad por sobre la mentira.


Como cuando en los hechos humanos se comete una falta grave que afecta la convivencia de los demás miembros de la sociedad. Y quienes son acusados de la misma deben enfrentar un juicio ante un juez y un jurado, sabiendo ser culpables trataran de salvar su vida declarándose engañosamente inocentes.

El primero en ser llamado a declarar, presentar testimonio y defensa de su propia causa ante Vos, Padre, y todos los restantes Seres Divinos integrantes de aquel Tribunal Supremo, fue el varón.

Quien, en lugar de asumir y reconocer ante todos su parte de culpa, pensando en sí mismo y salvarse el solo de lo que sabía le habría de sobrevenir si era encontrado culpable –esto es, la expulsión y destierro el Reino de los Cielos para ser enviado a cumplir condena allende los límites del mismo- queriendo sacarse toda la culpa de encima –incluso la parte de culpa que por partes iguales le correspondía; más aún en su caso, por ser lo suficientemente inteligente, e incluso como siempre soliera decirse y difundirse, ser más inteligente que la mujer- le echó toda la culpa a la mujer.

La segunda en comparecer fue la mujer. Quien, también por su parte, en vez de decir toda la verdad mintiera y tratara de engañarte, Padre, tratando de quitarse toda la culpa de encima que el varón le echara, no devolviéndosela al mismo por amarlo como lo amaba, no querer contradecirlo, desacreditarlo, ni ser separada de él, sino echándosela a la creación, Padre, que les dieras. Particularmente a la serpiente. Quien no teniendo voz como para defenderse no pudiera decir nada.

De ese modo, viera y entendiera, fueron ellos mismos, Adán y Eva, quienes conforme al relato presentado de los hechos determinaron la sentencia que terminaría y terminara recayendo sobre las tres partes. Limitándose el Tribunal Supremo solo a escuchar y tomar nota de tales testimonios y defensas en el Libro de la Vida. Aceptando como cierto –no obstante saber no serlo- el testimonio y defensa presentado por las partes. Recayendo y teniendo que cargar desde entonces la mujer con la parte de culpa correspondiente al varón. Por su propia aceptación de los hechos tal y como el varón lo manifestara. Y sobre la serpiente, la parte de culpa de la mujer. Por no poder la misma auto defenderse.

Habiendo de quedar asentadas así como verdaderas las cosas. Hasta tanto, tanto el varón, en un primer momento, como la mujer, en un segundo momento, sabiendo ver, entender, juzgar y discernir con sabiduría finalmente la verdad de la mentira, el bien del mal, la terminaran haciendo aflorar e imponiendo a costa de su propia vida.

Es decir no tratando de sacarse de encima todo el mal que por tener que pasar por dicha instancia judicial tuviera o pudiera sobrevenirles. Sino, como auténticos Hijos e Hijas de Dios en el Hijo y en la Hija en el Espíritu Santo, a costa de su propia credibilidad, consideración, fama, prestigio, bienestar, incluso de su propia vida, a total diferencia de lo que aquel primer varón y aquella primera mujer que se salieran de tu voluntad, Padre Santo, hicieran, saber aceptar y asumir conciente, valiente y con total amor primero a tu voluntad que a la de la propia y de los hombres, las consecuencias del juicio ante el cual fueran llevados a comparecer nuevamente de parte del Maligno en esta tierra de destierro.

Ya no ante el Tribunal Supremo del Reino de los Cielos, sino ante los tribunales humanos establecidos por él mismo –como si fuera de Dios- en este mundo, por medio de la humanidad rebelada del Reino de los Cielos en este mundo.

(Continúa en la respuesta siguiente)
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